No tenemos el secreto de la eterna juventud, ni la fórmula mágica para retroceder el tiempo. Pero sí tenemos el poder de recordar, y como dice el dicho: tiempos pasados fueron mejores. Pero en realidad el tiempo presente es el que importa. Nos podemos llenar de nostalgia por los recuerdos de nuestra niñez o jugar a ser niños otra vez. Por eso les quiero decir que es never too late para volver a ser niño.

Cuando veo a mi hijo Tomás, siento que tengo mucho que aprender de él. Cada día trae su enseñanza, aprendemos juntos mutuamente. El crece muy rápido y no quiero que se olvide de lo feliz que es en este momento.

Después de que llegamos a determinada edad, nos inundan las preocupaciones, situaciones complicadas y responsabilidades; nos olvidamos de que la vida está llena de muchas cosas por las que hay que estar felices.

Con los años llegan también decisiones importantes en nuestra vida: Comprar una casa, asarnos, tener un negocio, la jubilación, etc.  Esto significa que ya somos lo suficientemente responsables para tomar decisiones. Pero no podemos perder la esencia, no podemos olvidar de dónde venimos, ni quienes somos.

Cuando veo a Tomás, y lo feliz que es, disfrutando el momento en el parque, o comiendo un delicioso helado. Siento que nosotros también podemos llegar a disfrutar cada momento que vivimos en el día a día.

Es cuestión de tomar la decisión y seguir mi estrategia DESEO que te comparto:

 

Decidir divertirnos: Los niños toman todo como un juego. Obvio sin llevar todo al extremo, pero si podemos ponerle diversión a nuestros días. Los juegos hacen que todo sea más divertido. Si cada día jugamos, o nos inventamos un juego, las cosas difíciles pueden ser divertidas.

Entender: De chicos, cuando entendemos una situación es más fácil aprender de nuestros actos. Quiero decir que cuando existe la curiosidad y el entendimiento podemos aprender más. Implementar esto en nuestro trabajo, en la resolución de problemas o simplemente encontrar nuevas cosas para hacer.

Solucionar: De niños teníamos la solución de todo, si no la sabíamos pues la inventábamos. Si queríamos ser astronautas, bastaba con una caja de cartón para convertirla en la mejor nave espacial que nos lleva a volar por nuestros sueños. Tenemos las soluciones a nuestro alcance, solo basta con dejar volar un poco nuestra imaginación.

Emocionar: Cada momento es emocionante: ir al parque, salir a dar una vuelta, ver a nuestros seres queridos. Todo momento es especial. Tratemos que cada ilusión se lleve al limite y se cumpla. Muchas cosas nos pueden emocionar: el éxito de un proyecto, la visita de un amigo, pasar tiempo con nuestra pareja, hasta quedarnos en casa y descansar.

Observar: De niños, nos paramos de cabeza, corremos rápido, damos piruetas, miramos el mundo desde otra perspectiva. Observamos cada forma, colores, aromas. Tenemos un propio punto de vista que es diferente al de todo el mundo. Observar no solo lo material si no lo que hay dentro de cada persona, como son, por qué son como son, cuál es la forma de reaccionar ante una situación, etc.

 

Estos pasos no te van a devolver en el tiempo, pero si te van a ayudar a que tus días estén llenos de esa magia que tienen los niños. Esa alegría que te inspira y te motiva a hacer más cosas y cumplir sueños. Esos deseos que pensamos que eran imposibles, pero en realidad es cuestión de meterle emoción.

 

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