Te buscaba desesperadamente. No me cogías las llamadas a tu móvil. Habían pasado más de dos horas desde el lugar donde habíamos quedado de vernos. Estaba muy extrañado de tu tardanza ya que eras siempre muy puntual y si ibas a llegar tarde me avisabas previamente.

De repente, una profunda angustia invadió mi alma. Pensé que habías dejado de quererme y que no ibas a aparecer nunca más. Y comencé a llorar desconsoladamente. Al instante me desperté, un sudor frío recorría todo mi cuerpo. Me giré y estabas allí conmigo durmiendo plácidamente. Sólo fue un sueño. Un horrible sueño.