Audio de Virginia Gawel: ¿Quiénes son los animales?

https://soundcloud.com/virginia-gawel/virginia-gawel-quienes-son-los-animales

Algunas personas, y entre ellas me incluyo, cuando nos enteramos de una noticia de maltrato hacia los animales, caemos en la indignación y la rabia, y por supuesto, el deseo de ver castigado al criminal.

La cuestión es que rápidamente, nos vemos embargados por el sentimiento de ira y el foco de atención es castigar al culpable, mientras que lo principal, el animal que sufrió el daño y necesita ayuda y protección, pasa al segundo lugar o desaparece de la escena. Nos gusta jugar a los jueces en una cacería de brujas, en la que es más importante fustigar al que daña que aliviar el sufrimiento de aquel que se encuentra en condición de vulnerabilidad.

¿Qué sentimientos nos conectan con esas situaciones de maltrato?, ¿es la compasión lo que nos mueve a pedir justicia en nombre de nuestros hermanos sin voz o es la necesidad de proyectar nuestros odios en la figura del culpable? Queremos castigar, pero ¿qué hacemos para sanar el dolor de los animales que sufren o para mejorar sus condiciones de vida?, ¿con cuántos perros abandonados nos cruzamos a diario en la calle mientras permanecemos indiferentes y luego, protestamos indignados ante la noticia de un animal asesinado?

Preguntémonos, ¿qué podemos hacer para contribuir a mejorar su calidad de vida?, y no vale la excusa de que no somos millonarios porque cada uno puede hacer un aporte valioso desde sus posibilidades, todo gesto de amor suma para construir una cultura de respeto y cuidado hacia los animales, las buenas intenciones no sirven para nada, si no se materializan en actos concretos para su protección.

¿Por qué en la sociedad actual los niños y los animales son objeto de sevicia y crueldad?

Cuando escucho hablar de amistad o amor incondicional siempre viene a mi mente la imagen de un perro. ¿Cómo pudo el universo reunir en una criatura tantas cualidades, tanta perfección? Amor, lealtad, honestidad, ternura, inteligencia, bondad… y voy más allá: ningún otro ser me conecta más con la pureza y la inocencia, esa inocencia que a veces cuesta tan caro porque resulta traicionada.

El niño interior simboliza nuestra parte emocional y también las heridas que acumulamos en nuestra infancia. Las bases de nuestra estructura psicológica se construyen en esta etapa de la vida y de ahí viene nuestra capacidad para afrontar los diversos desafíos de la vida. Si nos faltó amor, atención, tiempo de calidad, etc., seguiremos proyectando esas necesidades en otros hasta que tomemos conciencia. Estos bloqueos pasan al inconsciente hasta que nos sintamos listos para trabajarlos. El Inconsciente es gráfico, piensa en imágenes y usualmente, utiliza a los animales para representar nuestra vida emocional o niño interior.

De esta manera podemos entender, no justificar, el hecho de que algunas personas sientan el impulso de agredir a estos seres inocentes que les recuerdan su propia vulnerabilidad, que en ese caso, estarían relacionando con debilidad o aspectos dolorosos que se niegan a reconocer en sí mismos.

Ultrajamos a nuestro niño interior de tantas formas, algunas superan el grado de crueldad y son aberrantes, nos hablan de las heridas que sufrimos y guardamos bajo una coraza. Nos hablan de cómo un niño puede idealizar a un adulto y para justificar su comportamiento, se culpa a sí mismo por no haber recibido amor. Esa parte herida es la que quiere castigar dañando a otro.

Un adulto violento es un niño herido que se siente culpable, y puede ser muy peligroso, precisamente, porque no quiere reconocer en su rabia un antiguo dolor.

En este universo todo es proyección, todos somos creadores de nuestras experiencias, espejos de los seres que nos rodean y ellos, a su vez, reflejan una parte nuestra. Cuando veo una necesidad en el otro, identifico que es una necesidad mía; si mi deseo es ayudar es porque quiero sanar esa necesidad mía a través del otro, si por el contrario, mi deseo es dañar es porque quiero castigar a una parte mía que no reconozco, en el cuerpo de otro.

Dejemos de proyectar nuestras heridas y empecemos a sanar.

Cuando un animalito llega a nuestra vida, es un regalo y una oportunidad de sanar emocionalmente y de tomar conciencia de nuestra capacidad de amar.

Los animales nos enseñan a ser humanos.

¿Cuál es tu relación con los animales?

Sigue leyendo a Luz Katherine