Cumpleaños, una palabra que para unos significa fiesta y para otros funeral.

Siempre he creído que los cumpleaños son el recordatorio de la existencia, pero seamos honestos, nuestra existencia está plagada de cosas que pretendemos dejar en el pasado, no llevar cargando en el presente o seguir con ellas en el futuro. Muchos nos aterramos cuando nos preguntan nuestra edad, como si el solo hecho de mencionarla fuera motivo de vergüenza, nunca he entendido el porqué, para mí decir mi edad es un orgullo, es una prueba irrefutable de mi  poder de supervivencia y cuando me lo pregunta gente más joven que yo, sólo pienso, «te falta tanto por vivir»…  y enseguida me imagino que quienes me inquieren ni siquiera tendrán que sufrir algunas cuántas infecciones infantiles sobre las que nosotros triunfamos; »paperas, rubeola, escarlatina y tantas otras que nos curtieron» una ola interminable de fracasos, decepciones amorosas y quizás aún puedan tener uno que otro horroroso brote de acné.

Llegar a los 40 es por lo menos estar seguros de que la mitad de nuestra esperanza de vida se fue, pero también que hemos salido invictos de la pubertad, la adolescencia y la embarrada de madurez que ya conseguimos.

¡Cumpleaños Feliz!

¡Cumpleaños Feliz!.

Cumplir años es en realidad un homenaje a nuestra capacidad de sobreponernos año con año a la adversidad, a la terrible economía, a la delincuencia, a las enfermedades.

Es decirle al tiempo que aún estamos de pie y que aún no nos gana la partida.

Y sí, a algunos nos pueden joder los cumpleaños, porque nos sentimos más viejos, más lentos, más cuidadosos, pero de ninguna forma es en vano, hemos dejado de correr para empezar a disfrutar, hemos dejado de competir para reconocer en otros sus capacidades, hemos dejado de juzgar porque sabemos que el tiempo es el mejor juez.

El tiempo no pasa en vano, nunca lo hace, pero a cambio nos deja una estela de experiencias que podemos transformar en autoconocimiento, por eso cuando te pregunten: «¿Y cuántos cumples?» Siéntete orgullos@ de saber que »sobreviviste».

Sigue leyendo a Moira Magenta