Yo ayudo a la gente a que encuentre su camino. Lejos, donde no estorben, no molesten, no me sangren. Y sean lo maravillosamente exitosos y felices como quieren aparentar…

Sí, a veces es necesario alejarse de las personas que nos estorban.

Ignorar no basta cuando a nuestro lado tenemos gente que nos envidia, que no quiere que avancemos, que nos complica la existencia.

Y parece sencillo, pero no lo es.

Sobre todo últimamente con las nuevas filosofías buenistas.

Dónde somos culpables de lo que nos pasa y de lo que no también. Sí, somos culpables de todo.

El mundo no es como lo ves

El mundo no es como lo ves

De la muerte de las tortugas, del bistec que te comiste, de que las cosas no te salgan bien porque es tu karma, de las mujeres que no se sienten a gusto de serlo, de pensar distinto, de no adaptarnos a estos tiempos, de los perros vagabundos, de los hombres con pasión por los cómics, somos culpables de haber nacido y contaminar el planeta, de los niños que aún no nacen pero que mejor que no lo hagan porque ya no hay recursos y pues hay que acabar con ellos los que ya estamos acá.

Somos culpables de casi todo, de respirar aire contaminado, de las víctimas mortales de la guerra, de la violencia en las calles, somos culpables. Pero, al mismo tiempo que somos culpables también somos víctimas, somos víctimas de los deseos del otro, pero nunca de nuestros propios deseos.

Y entonces ahí es donde ya no entiendo nada de este mundo, porque lo que termino por pensar es que hay una falta de responsabilidad para con nuestros actos. Que este mundo nos enseñó la autocomplacencia pero no nos preparó para la adversidad, que nos dijeron que podemos alcanzar lo que queremos y hacer lo que soñamos pero nadie nos dijo que existían la frustración y las pesadillas.

Nadie está a gusto con nadie y al mismo tiempo tiene que aguantar a todos. Este  mundo es «el calladito te ves más bonito, más grande de todos los tiempos» Se nos ha silenciado con el pretexto de no herir susceptibilidades, pero los índices de violencia crecen, las guerras no paran, el desinterés por otros se acrecenta más, las cosas no se zanjan con discuciones se zanjan con un silencio sepulcral por miedo.

Nuestra realidad raya en lo vomitivo, podemos tener todo lo que queremos, pero no lo que necesitamos. Ya no necesitamos parodias, somos nuestra propia burla.

Así que cuando alguien me dice que «el mundo es como lo veo», me preguntó qué clase de ciego es…

 

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