Sentimientos encontrados o quizás perdidos

Sentimientos encontrados o quizás perdidos

Sentir… Siempre el arma de doble filo, la espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas.

Sentir es un lujo muy caro, ya que a mayor sensibilidad mayor dolor.

Nada menos que nuestras manos para probarlo, deslizar nuestros dedos sobre un cubo de hielo pasa de ser una sensación de frío, a un dolor insoportable, hasta que el mismo frío nos desensibiliza y acabamos amputados.

Sentir es el precio que pagamos por tener un sistema nervioso que recoge todas las impresiones externas y les da un significado, un propósito y un símbolo.

Recordemos las caricias de mamá, el tiritar después de un baño, el primer beso, todas ellas sensaciones vinculadas a un  momento placentero o doloroso.

Mediante sentir nos volvemos la vía y la meta en el recorrido de conocer el mundo, experimentar cosas nuevas, unas agradables y otras no tanto.

Se siente con el tacto, con la palabra, con la vista, con el gusto, cada estímulo nos provoca incluso un deseo por repetir la misma experiencia…o rechazarla.

Sentir placer físico incluso puede coexistir con el sentir dolor »emocional’ de hecho callamos nuestros sentimientos por medio de provocarnos placeres físicos.

Sentimientos encontrados o quizás perdidos

Sentimientos encontrados o quizás perdidos

Sin embargo estamos frente a la crisis del sentir, el dolor que es parte de sentir nos parece abrumador, se nos ha enseñado a evitarlo a dormirlo, a sedarlo, nadie quiere experimentar dolor, nadie quiere sentir. Pero lo cierto es que el placer y el dolor son ambos la misma cosa un estímulo excesivo sostenido en el tiempo, un efecto irritativo, una respuesta biológica.

Es cierto que una cachetada no será nunca igual que una caricia, sin embargo cuando alguien lastima nuestros sentimientos, la misma caricia que antaño provocó placer, hoy duele.

Sí, sentir es un privilegio, quienes no sienten físicamente el dolor son individuos que pueden morir, porque sentir nos avisa de peligros, pero hay los que tienen una carencia de sensibilidad profunda, esos son quienes se hicieron inmunes a los sentimientos por negarse a experimentar dolor y anulando también la posibilidad de conseguir placer.

¡Siento tener que irme!

 

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