Ser mujer es pagar peaje…

Lo triste pero cierto de esta frase se hace patente en muchos sentidos.

Lo terrible de esta frase es cuando otra mujer te hace pagar el peaje.

Lo enfermo de esta frase es cuando tú pagas el peaje porque »te lo debes a ti misma».

En la actualidad, ser una mujer competitiva en todos los sectores es algo que puede llamarse ideal.

Sin embargo, no hay ninguna «todóloga», por más que nos cueste aceptarlo, las súpermujeres no existen, nunca existieron y jamás existirán.

Competir es algo que cada vez es más común en nuestro gremio, que otrora fuera cooperativo.

Ser mujer es pagar peaje

Ser mujer es pagar peaje

Quizás no lo recordemos o la generación que nos va dejando atrás ni siquiera lo ha vivido, pero las mujeres éramos altamente cooperativas, hoy sin embargo peleamos por un trozo de carne.

A veces ese trozo de carne simbólico, por el cuál antes sólo peleaban los cazadores es nada más y nada menos que »nuestro hombre» Así…con toda la posesión malsana, implícita en esas palabras.

Y peleamos contra enemigos imaginarios incluso, competimos por ser el centro de atención en una relación, en una reunión, por ser la más bonita, la más delgada, la más curvilínea, la más inteligente, la de mejor guardarropa, por el mejor trabajo, por los hijos más guapos, más inteligentes, con más horas extracurriculares, el mejor carro, la mejor foto, las mejores vacaciones y más y más y más.

Ser mujer es pagar un coste que casi siempre atribuimos a la sociedad cuando el número »10» en la escala de autoexigencia nos lo llevamos nosotras mismas por querer ser mejores y más que otras mujeres.

La cooperación en las actividades entre mujeres que no compiten, como una tarde de lectura, una de plática de café o quizás la costumbre de las abuelas de reunirse a tejer, ejerce un mecanismo protector en la psique de las mujeres tan abrumadas por el peaje que hay que pagar por ser mujer, con ínfulas de ser supermujer.

Hoy nadie está dispuesto a quedarse en la cueva mirando el humo de la fogata, esperando a que el macho cazador vuelva. Nos parece atroz y al parecernos atroz, destruimos la imagen de nuestras abuelas, las denigramos por pasar sus tardes haciendo bocadillos, viendo una novela, atendiendo a los hijos.

«Las permujeres no existennunca existieron y jamás existirán

Las mujeres reales, son imperfectas, pero sobre todo, adquieren experiencia, aprenden de sus errores y tarde o temprano se dan cuenta que vale la pena dejar de pagar, por todo lo que implique hacerse una supermujer.

Si sabré yo de ser mujer, lo he sido desde que nací.

 Sigue leyendo a Moira Magenta