Para la mayoría de nosotros, la escritura consiste en mensajes de correo electrónico, listas de tareas, comentarios en las redes sociales y mensajes de texto. Sin embargo, encontrar tiempo para escribir ciertas cosas, como nuestras experiencias diarias, objetivos e intereses, puede ayudar a mejorar nuestro día a día. Lo que tal vez aún no sabías es que escribir y anotar cosas pueden cambiar tu vida, pero… ¿cómo hacerlo para obtener el máximo rendimiento?

Escribir aclara tu mente y la despeja; ¿Te has sentido alguna vez saturado y lleno de información en la cabeza con ganas de explotar y respetar lo procesado? Esto se puede solucionar en cinco minutos con solamente redactar en un papel, o computadora alguno de tus pensamientos, ideas o planes que tengas en la mente. Esto es una realidad y aunque parezca absurdo, ¡pruébalo!

Transformar nuestras rutinas diarias y representarlas sobre un soporte escrito se puede convertir en un deporte de la misma habilidad que tiro con arco. Acciones de tan baja intensidad como ese café que sorbes a primera hora de la mañana sobre las calles y avenidas de tu ciudad acompañado del ritmo propio de un velocista para ocupar tu puesto de trabajo sin ser reprendido por tu jefe se puede transformar en una epopeya propia del mismísimo Homero. La precisión es fundamental en este proceso. Ser un arquitecto de palabras que evoquen pasión sobre lo que real y lo surrealista, sobre el acá y el más allá. Intenta escribir unos 750 caracteres cada mañana. Las páginas de la mañana son una refrescante inyección de creatividad para afrontar con vigor y energía la inercia de tu jornada.

Nuestra mente está en constante ebullición. Las ideas no paran de brotar, nuestra inventiva respira en una constante primavera creativa. Prueba a llevar siempre contigo algún soporte sobre el que anotar todas las cosas que surgen en tu mente. Sé valiente y escríbelo, tu contenido puede llegar a salvar vidas, incluida la tuya. Deja que otros se inspiren de ese espíritu transgresor que posees. Quizás el premio no vendrá acompañado de una gran fortuna y alhajas, pero es una forma útil de reforzar tu confianza. Si se mantiene un flujo diario y regular del ejercicio creativo a través de palabras, con total seguridad las vivencias más rudimentarias y tediosas pasarán a un ámbito más dinámico e imaginativo. Se trata simplemente de transformar en hábitos escritos lo que nos genera inquietud.

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Poder saborear una y otra vez momentos que caerían en el olvido o que serían desterrados de nuestra mente al poco tiempo de surgir. Un diario se puede convertir en nuestro mejor aliado. Nos dotará de habilidad y confianza. Simplemente ser fiel a uno mismo y buscar un estilo que alce nuestro ego elevando a la máxima nuestros niveles de endorfina. Ser fiel a este maravilloso hábito que es la escritura mejora nuestro nivel de exigencia, desarrolla nuestro intelecto e imaginación y mejora nuestra sensibilidad en otras muchas. No importa lo que está pasando en el interior de nuestro ser.

Cuando escribimos cosas se nos abre una infinita galaxia de posibilidades que nunca seremos capaces de agotar. Tenemos la oportunidad de explotar sueños y ambiciones que en ocasiones normales no somos capaces de revelar en sociedad. Desgraciadamente esto se debe a un sistema de valores impuesta por la humanidad desde tiempos remotos, en las que no se prima a la capacidad creativa, simplemente se valora la estadística y los resultados. Así, maltratando nuestro espíritu libre y creativo, el ser humano pasa a convertirse en un simple espectro social, integrador de una sociedad que bucea en la mediocridad y en una zona de confort en la que se va diluyendo su personalidad con el paso del tiempo.

Recuerda lo siguiente. Escribe, anota, transcribe, manuscrito, copia, firma, rubrica, traza, caligrafía, compone, redacta, expresa, expone, crea, novela, publica, edita, imprime, cartea……. Las posibilidades son infinitas. Abandona la mediocridad. Pásate al lado oscuro de la fuerza o si lo prefieres a la zona creativa, pero no caigas en la tentación de esconder tus pensamientos. Recuerda, ¡escribir puede salvar vidas!