el  gusano clérigo de negro interior

a orillas de la laguna quieto el viento oculto

sin brisas leves se confundía con el agua

 

en la noche del pleniluneo los lobos aullan

y el sargento comandando el coro riendo

ante él, la majestad del cuadro verídico

 

el clérigo respiraba muy profundo y más quieto

sino sería un cuadro obsecuente

de un dali barato viviente

 

el sargento ordenó al clérigo a los gritos

cada doce minutos le ordenaba con voz amenazante

el  clérigo nunca recuerda de dónde partió

una mañana nevada y todo de negro

 

el cielo el suelo sus arapos

los zapatos empapados los piés

hinchados la cangrena avanzada

los cordones desatados sucios

usados en un último casamiento

 

y el sargento lo persiguió durante su vida

y luego también insistió

hasta el hastio hasta el barranco

hasta el lago negro sin soles

sin rozarlo le ordenó morir

pero nunca fue obedecido

 

ordenó al clérigo cambiar sus zapatos

ambos izquierdos

y los cambió de un pie al otro cruzados isóceles

ya sin cordones podridos de agua limpia

de peces muertos

 

sin saber de donde salió ni en qué mundo se encuentra

solo recuerda la nieve el vino negro

y su barba negra humeda

el sargento le inventó un tercer ojo

pero sin éxito ya que nació con cuatro

 

el clérigo reconocía solo un ojo central

cubierto por su único cabello negro

el sargento durmió borracho y fue muerto tres veces

el clérigo esa noche clavó un hierro negro

a lo largo del sargento

desde su boca abierta hasta su cintura

en curva obeso reventada

 

y pisaron uno tras otro las tranquilas aguas

del lago negro

hasta ahogarse parados de tanta soledad

y de infinitos agujeros

 

dos pajarracos quedaron en el cielo negro

aplastada su figura retratada

reflejados en el agua clara y plana cual espejo

la locura se burló de tanta ironía

 

una fortaleza armada y un templo medieval derruido

un gran reloj en el campanario movido por las ratas

detenido desde el primer día de la creación

y solo una aguja

con la que varios pájaros jugaban a girarla

 

ya no hay vida en los alrededores solo las ratas

comen las alas de cada pájaro embalsamado

y sale por su cabeza vaciada…

 

el clérigo con sus ojos abiertos muerto de aguas lleno

el sargento con sus tres ojos abiertos un cuarto dormido

muerto vaciado por un caño que lo atravieza.

 

Sigue leyendo a Oscar Alberto Marchesin