No a mi cerebro rasgado por espinas
en un rito lento de tres días hasta ocho
no el agua que me ahoga cada noche dormido

En mi casa vacia sin los cuadros preferidos
sin las fotos de la cintura de Mirta que no llegué a rodear
cuando mi corazón levanta sus encinas

Nocturno azúcar, espíritu de las coronas redimida
sangre humana, tus besos me destierran, me hunden
y entierran en lo más profundo del pozo común

Un golpe de agua con restos de mar y sirenas
golpea los silencios que me esperan discecado
rodeando las inexistentes sillas, gastando las puertas faltantes

Noches con besos inmensos, sin saber de quién vienen
noches partidas, inmateriales, podés ser voz, únicamente
desnuda cada día sobre el cemento de la escalera, Paraná y después

Sobre tus pechos de caracola perfecta y pequeña
sobre tus piernas de dureza muscular y agua
soportaste mi cuerpo, soporté tus fuerzas reprimidas

De tu pelo rubio desnudo, protegí mi rostro lamentable
quiero estar, amor mío, ya tiradas las lágrimas
al ronco cesto donde se acumulan

Quiero estar, amor mío solo con una sílaba
de plata destrozada, solo con una punta
de tu pecho de nieve

Ya no es posible, ganar sino cayendo
ya no es posible, entre dos seres
temblar, tocar la flor del río, el Paraná nos mira

Hebras de piel arrastrada por las uñas
tramitaciones, trozos,
familias de coral repulsivo, tormentas

Y pasos duros por alfombras de invierno
entre labios y labios hay mundos crueles
de gran ceniza y húmeda cimera

Gotas de cuándo y cómo, indefinidas circulaciones:
entre labios y labios como por una costa
de arena y vidrio, pasa el viento.

Por eso Mirta, eres sin fin, recógeme como si fueras
toda solemnidad, toda nocturna como una zona
hasta que te confundas con las líneas del tiempo

Avanza en la dulzura, ven a mi lado hasta que las digitales
hojas de los violines hayan callado, hasta que los musgos
arraiguen en el trueno

Hasta que del latido de mano y mano bajen las raíces…

 

 

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