La brisa como una anémona transparente

Abrió sus labios de color gris y descuartizó una joven oveja

¿Qué sencillo lo fácil, no ?

 

Luego se evadió entre los cerros colindantes con el monte

Más tarde escuchamos sus gritos recaer sobre las piedras

 

De su cuerpo sólo quedaron vestigios, tan incoloros

Que no conseguían verse por lo espeso de la noche

 

Los vecinos aterrorizados trajeron alcohol

Elaborado con tubérculos, ante «El hombre del conocimiento»

En varios recipientes hechos con higüeros y comenzaron

A sonar los tambores loando a los espíritus; dos ópalos de un búho

 

Observaban desde la rama de un caucho frondoso

Que con casi apariencia humana, esgrimía sus extremidades

Cada dos segundos como los tentáculos de un monstruo colosal

 

El miedo lentamente fue recorriendo mi vejiga, luego se desplazó

Por  mi pantalón a posarse en mis testículos, que se recogían

Entre las piernas. Reconforté mi ánimo especulativo

 

Como profesional de muchos años de experiencia, y  dije :

-Sólo son creencias, viejos mitos, leyendas para consuelos

De animistas analfabetos –

 

Pero no sabía cómo explicarme la angustia, auto-convencerme

De que todo aquello no era más que una falsa sospecha

Un temor sobre algo refutable si hacía uso de mis buenos argumentos

Pero si estaba consciente de que no existían por qué el pánico cundía

En mi espíritu? ¿por qué se dejaba arrastrar a la deriva

Por falsos rumores?

 

El estruendoso sonido de los atabales parecía confabularse

Con una neblina densa como salida de la morada del demonio

Manoseé la muerte: sus fríos andamios óseos eran blandos

Como el cuerpo gelatinoso de una oruga, su rostro era parco

tenía dientes largos y el marfil de los mismos asemejaba

loza de porcelana mortuoria

 

Para mi pobre vida

 

Me senté sobre la áspera superficie de la tierra, el  alba fue germinado

Entre la espesura del follaje de los árboles y los líquenes

Fueron recuperando su brillo acostumbrado de verde esmeralda

Los pájaros fueron saliendo despacio de sus huecos en la selva

Que todo aquel tiempo pareció estar envuelta en el mutismo

 

De pronto, de lo inhóspito de la aldea, se fueron levantando

Miedosos amasijos con nombre humano y los espíritus se replegaron

Al interior de la arboleda

 

Yo, algo aturdido no lograba despejar los primeros juicios

Acerca del potencial, de cómo el miedo afecta nuestra conducta

 

El estrecho roce que separa la antropología de la sicología

Descansaba en mi memoria cómo una respuesta fiable

Y veraz a mis preguntas

 

Una vez que el sol hubo blanqueado los caminos

Tomé la mochila y me dispuse a volver al casco urbano

Pero después de aquello ya no era el mismo ser inquisitivo

De entonces, y aunque quedaban vestigios de dudas

Sobre los fenómenos acontecidos, no quise esperar

Las posibles respuestas

Quedándome otra noche entre ellos

 

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