Esperabas tú turno
Con el ticket entre las manos y 12 personas por delante
El calor no daba tregua, pero en aquella sala, un aire frío, helaba

El teléfono de la noche anterior, todos aquellos años desconociéndose
y a la vida se le ocurre cruzarlos
la misma tarde en una coincidencia casi imposible

Pensaba en Buenos Aires y en ese invierno eterno
que los distancia en la escarcha de los suburbios
acompañándolo al costado de la ruta

Mientras la radio de su auto vomita las noticias
de un país irremediable, repasaba las avenidas en que pudieron haberse visto
de un semáforo a otro

En los cafés del Centro y en las mesas que los separaron
tal vez a pocos metros, mientras un mozo en edad de jubilarse
les servía un café y medialunas recién horneadas

Pensaba en él mientras veía jugar a dos niños
con sus cochecitos de tracción
entre los pies de los usuarios que hacían la cola en aquella oficina de banco

Pensaba en la hora en que traicionó su firme determinación de no volver a amar
y comenzó a llorar
bajo el reparo de los cristales de sus gafas

Controlando con exactitud cada lágrima y cada suspiro
para que nadie lo notase
hay vergüenzas impunes, cobardes

Las madres de los niños renegaban del escándalo
de los pequeños, pero ella se disfrazaba de sonrisas
y de complicidad con sus hijos como si fueran propios

Déjalos jugar, no te preocupes crecen tan rápido
aconsejaba a las primerizas
sentía el frío de la sala y su abrazo inalcanzable.

 

Sigue leyendo a Oscar Alberto Marchesin