Como si hubieran recorrido

todos los terrenos

las plantas de mis pies

 

Guardan las durezas individuales

y exactamente separadas, del mapa tejido

por las piedras indivisibles

 

Que las manos callosas

de los obreros, sembradores y hacheros de árboles

todos agradecidos…

 

Agradecidas hembras sudorosas, tapera, cabaret y campo

rancho, vinchuca y estancia, terratenientes

y ejecutivos porteños

 

Forjaron en el fuego que solo la transpiración logra

fundiendo en sudor la tierra para fabricar todas las plantas

y la piel desgastada, lastimada y recambiada

 

Callosa como las manos, suave como los labios

poderosa como los músculos, son los pasos de las plantas

de mis pies, que abren puertas y crean situaciones distintas

 

Cerradas las ventanas, transmiten al cerebro

las dificultades que absorven, aceleran el paso

o se abrazan a la tierra robándole su calor

 

Y me siento hijo de la tierra, aunque me molesta

el polvo del Otoño en los ojos claros de Sonia

el barro de la lluvia en sus pies, el viento en su cabello claro

 

Y el frío en su alma oscura

cada par de pies de cualquiera de mis cuerpos

acaricia las superficies lejanas

 

De los universos desconocidos

pozos que cada día pensamos visitar

pozos donde todos estamos…

 

 

Sigue leyendo a Oscar Alberto Marchesini