No, no me digan nada, déjenlo ahora

me caerán lágrimas fecundas y no estoy receptivo

para el odio, las lágrimas , la sangre seca

o el odio podio de los vencedores

 

Negro y rojo, ausencias que de tanto entender

son ya partes de mi vida, de mi alma, de mi dios

 

Silencios y mentiras, ¿acaso nos es obvia la vida

de tanto y tanto repetirse y hacerse daño?

aunque todas las razones al fin y a la postre

siguen siendo razones cargadas de motivos

o, quizá, motivos que se apoyan en razones

para sentirse seguros y explicables

 

Es absurdo el dolor y el daño, o, a lo mejor

no hay dolor ni daño: sólo tristeza, decepción, fracaso

evidencias que no quieres entender

a pesar de los años ya acumulados a tus espaldas

evidencias que te niegas a aceptar

aún sabiendo que siempre terminan venciendo

 

Déjame ahora que ronronee mis sueños vencidos

porque sé que volverán las luces

y las sombras sólo rozarán los flecos de mi alma

 

Rojo sobre negro, fobias y filias sin medida

sin apenas intermedios, porque el gris es demasiado sobrio

para el canto, ¿Cantar? ¿Para qué y para quiénes los cantos?

 

El ácido me llega a la garganta, porque no estoy en posesión

de todos los refuerzos que necesitaría

para la lucha que deseo y que aborrezco

 

Habrá que olvidar, cambiar el chip y colgarse

o meterse en el armario del tiempo y de las ínfulas eternas

 

El armario siempre es un escudo y un refugio

un consecuente cómodo y preciso para el miedo

 

Necesito abrazarme y perdonarme, para sentirme vivo y despierto

participio presente y solidario, interrogación imperfecta y leal

 

Gris, al final el gris es el contrasentido de la esencia

la locura de la imagen, ni a la derecha ni a la izquierda

 

El centro sobrio y no ofensivo:

tranquilo, consecuente, blandito y agradable

¿para qué te vas a salir del círculo concéntrico?

se notarían tus amores y tus sueños

 

El gris es el armario y el deseo de tranquilos episodios

comunicaciones amables, sin críticas, ni juicios paralelos

¿será que el círculo es intraspasable?

 

Traspasos de silencios:

voces que me llaman y me cantan, desde más allá del infinito

silencios que me animan y me ruegan

 

Islas de delicadas indelicadezas, o de indelicadezas

delicadas y precisas, porque todas las razones son buenas

y válidas, incluso las mías

 

El rojo, el negro y el gris, y, si acaso, todo un arcoiris

de diversos armarios: abiertos, medio abiertos, cerrados

escondidos, silenciados, la paz y la palabra

el pragmatismo del hacha, el sabor amargo de la sangre

el dulzón del egoísmo, el agridulce del miedo

 

Todos los sabores son inútiles y necesarios:

sólo el de la muerte es imprescindible y nada reversible

pero no sólo la muerte física, hay demasiadas muertes

demasiados colores, demasiados sabores, demasiados armarios

 

Colores, armarios de todos los colores, como mis coplas

encerradas: ahora me desangro imperceptible