El monumento Policía 37 es una lápida

gris a negro como la guerra

gris como puerta de mares vehementes del infierno

gris al amarillo como la simetría de las pirámides

gris beteado como ventanales agonizantes del hospital psiquiátrico

gris translúcido como el local de la vía férrea

gris a negro pantera como el horizonte de la ciudad oculta

gris noche como la tormenta que que nos azota.

Mi padre y yo desde las gradas de hormigón del fútbol

la multitud corrió desde el alambrado

las gotas de lluvia salpicaron, bendicieron cada cabeza

nos sentamos bajo la lluvia gris agua

nos sentamos juntos a pesar del todo.

Los muertos no están enterrados aquí y gimen

Silvia, mi maestra de inglés se ha ido al igual que su padre,

lo que hizo de Villa Urquiza un estrecho eludido

un barrio tóxico y naufragante

visionar al diablo danzando en los adoquines de sus calles

Juramento y Holmberg mi esquina dilecta

con indios juveniles, Patricia y Angélica

esta esquina solo se compara con la de Holmberg y Mendoza

el lugar de Graciela sin comparación en el barrio

nunca fue Villa Urquiza el hastío.

Papá cuenta historias de tranvías descarrilados de sus vías,

nunca seremos más que pobres

pero nunca seremos lo que no somos,

padre e hijo, siempre bajo la lluvia gris

con nuestras casacas de colores tan diferentes, nuestra piel tan blanca

nuestros pies futboleros y nuestras almas tan distanciadas

nuestras vidas de trabajo y la responsabilidad del estudio.

Tal vez la ventana que él me cedió al mundo

lo superó y lo transportó a la infelicidad

tal vez al jefe no le guste

y vamos a ser aspirados por la pobreza sin hogar,

como las llaves del armario en los desagües hambrientos

debajo de las aguas sin olas

nuestras posesiones pierden en la burocracia capitalista

en América, donde los ríos son veneno

y no hay nada gratis y él lo logró.

Esta piscina fue construida para las masas amontonadas

aquellos, quitarse la ropa de trabajo y ser libres

traje de baño, casi desnudos todos en la Costanera

bajo el rayo, antes de que el viento

en un lejano recuerdo de la infancia, nos arrastre

las barras de hierro nos mantienen seguros

no vamos a entrar en las mareas oscuras de vino

o en las puertas del infierno y él nunca regresó

simplemente nos dejamos.

Brillaron en la noche las luces bajo el agua

como la nueva Jerusalén,

el cielo gris a negro se oscurece con las estrellas

el espíritu se eleva radiante sobre el agua,

simplemente no vamos a dejar de vivir.

Sigue leyendo a Óscar Alberto Marchesin