Agapito mi Duende

Agapito mi Duende

Los duendes son criaturas mitológicas, imaginarias de la cultura popular, pequeñitos con sombrero y vestido de colores, fantásticos y con espíritu bromista.

En el mundo de los duendes hay uno que me acompaña desde muy chico: Agapito, en las buenas y las malas siempre está ahí, en las reuniones con quien termino conversando, casi siempre uno habla solo, la gente no escucha  “habla, habla y habla”. Nunca me deja, lo presento primero para hacer más fácil la integración, él se hace amigo fácilmente y no tiene problemas de decir lo que piensa, de ser inoportuno. La gente lo saluda tímidamente y asombrada de sentirlo en mi antebrazo.

En una ocasión me acompañó a un evento, muy concurrido y ohhh sorpresa  Agapito se encontró con su amigo Gobelino que acompañaba a una niña como salida de un cuadro de Goya. Nos invitó a seguirla y discretamente nos llevó y entramos a un salón por el espejo de la sala.

Una fiesta muy particular llena de duendes, gnomos, hadas, elfos, todos bailaban y comentaban los libros de «El señor  de los anillos», el ruido de los anaqueles y objetos cayendo no dejaba oír la melodía estridente que llenaba el salón.

Yo mudo no sabía qué era fantasía y qué la realidad. En un extremo del salón rodeado de muchos duendecillos estaba un personaje que hablaba  e instruía sobre la forma de escoger una persona a quien acompañar al otro lado del espejo. Asustado fui halado a un círculo de lindas y angelicales personitas. Ellas celebraban con Agapito  su suerte de contar conmigo y de poder acompañarnos  en nuestra vida futura. Planeaban las recompensas y premios que nos darían por las buenas acciones, el poder participar en muchas reuniones infantiles y de dominar el mundo de los humanos ante nuestra muy benévola aceptación.

Les explicaba que no todas las personas desean un compañerito como ellos. Muchos son muy seguros de no necesitar ayuda y compañía. La dependencia imaginaria es solo para las personas muy inteligentes pero tímidas.

Agapito mi Duende

Agapito mi Duende

 

Furtivamente me fui desplazando hacia el espejo del salón por donde habíamos entrado y de un salto me estrellé estruendosamente cual sapo pantanero, esa no era la salida. Una mano fría y gelatinosa me llevo corriendo al otro extremo y de un salto me metió en un cuadro lleno de colores y de luces, y…. Ya estaba de nuevo en medio de mis humanos conocidos.

 

Despistado y perdido trataba de retomar calmadamente el control de mí, ¿Ya conoces a solita?  me susurro una voz al oído, aterrado contesté que no quería conocer a nadie más, esa debía ser otra de las de la fiesta al otro lado.

 

Una vez en casa reponiéndome de aquella aventura imaginaria o real, pensaba que los duendes existen, nos ayudan o nos confunden. ¿Pero son una excelente compañía o no será que los confundimos con…El Ángel de la Guarda?

 

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