El Caribe era escenario de un fantástico crucero, algo así como un pueblo de 5 mil personas reunidas en un barco gigante, el arca de Noé en el siglo XX, pero sin los animales.

Yo viajaba en primera clase, dentro de una negra maleta de mi manejador y ventrílocuo, salía solo en las noches de talentos, en las que Ricardo hacia las delicias de los asistentes, con un dialogo gracioso, chistes, ocurrencias con las que el público se divertía por más de dos horas. El jefe sabía a qué hora terminaba el show y sin siquiera consultármelo me doblaba y me metía en esa negra maleta.

Me desvelaba  pensando que cada vez que me sacaba perdía la libertad y la voluntad. Tenía que seguir su libreto y no era yo el que hablaba, Ricardo lo hacía por mí. Una noche salí de la oscuridad y se lo dije: Yo trabajo y tú te ganas la plata, no tengo vida. Paralizado me libero de su mano y de su voz.

Y ese día, Cobre Vida, furtivamente salí de mi casa, de  la maleta, y empecé de nuevo, pero solo.

Archivaldo el muñeco

Archivaldo el muñeco

Mi amigo Lorenzo me animo a trabajar por nuestra cuenta en una agencia de talentos, y empezaron a llegar las cosas buenas, muchas muñecas correspondían a mis archivaldadas viajes, cenas, presentaciones y muchos Ricardos invitándome a compartir de nuevo maletas y escenarios.

En una presentación en el parque conocí a Marieta una linda muñeca muy simpática y flexible que me sedujo para compartir escenario y presentar un cuento. Nos inventamos varios de nuestras experiencias, pero cada salida era un fracaso. Éramos independientes, libres, pero sin dirección y libretos. La gente nos  quería pero no lo que decíamos. Entonces resolvimos contratar un manejador. De esos que escriben lo que queremos pero lo dice con su voz.10

Pasaron muchos días y también manejadores. Éramos nosotros que les dábamos vida.

Ya compartíamos maleta los dos  y pronto hubo otra más grande para Lucas y Lorenzo, que hacían las delicias de las audiencias y de nuestra familia de muñecos maleteros .Ganamos muchos premios y el reconocimiento de los niños era nuestra mejor paga.

En un viaje de esos familiares, resolvimos dedicarnos a fabricar más y más muñecos, títeres para que los manejaran e hicieran mucho teatro y quedaran en las hojas de los diarios y de los libros de las estanterías, la historia de los muñecos manejadores, que cobraban vida pero él se ganaba el dinero.

Hay que lograr la independencia, la libertad, pero con un buen equipo que hace que las obras, las escenas y las presentaciones sean notables en los escenarios y en las historias que entretienen. Cada cual con su papel, no todos saben de ventrílocuo, no todos se revelan como actores y títeres creativos. Cada cual con su papel y su historia, pero siempre habrá un manejador.

 

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