Se dice que las propinas se originaron en la Inglaterra del siglo XVI cuando los huéspedes

dejaban dinero para los empleados de sus anfitriones.

El fenómeno ha fascinado por mucho tiempo a los economistas. Pagar más, a pesar de que no estamos obligados a hacerlo, parece ir en contra de nuestro propio interés.

La práctica se ha extendido por todo el mundo. Pero cualquiera que haya viajado sabe que las costumbres que rodean a las propinas (cuándo darla, cuánto, a quién y por qué) difieren de un lugar a otro.

En Estados Unidos, es costumbre darle entre un 15% y 25% a un camarero; en Brasil, 10%, en Suecia entre 5% y 10%.

Igual que muchos países asiáticos, China tiene en su mayoría una cultura de no dar propinas.

Durante décadas esta costumbre fue prohibida y considerada un soborno. Actualmente sigue siendo poco común.

En restaurantes frecuentados por habitantes locales, los clientes no dejan propina.

Las excepciones son los restaurantes que sirven principalmente a visitantes extranjeros, y hoteles con una clientela internacional (aunque en este caso sólo es aceptable dar propina a los maleteros).

Otra excepción es dejar propina a los guías de turistas y los conductores de autobuses de turismo.

Japón dar una propina a un mesero puede causar ofensa.

El intrincado sistema de usos y costumbres japonés incluye propinas. Son socialmente aceptables en ocasiones como bodas, funerales y eventos especiales.

Pero en situaciones más comunes, éstas pueden en realidad causar que el receptor se sienta menospreciado, y hasta insultado.

La filosofía es que el buen servicio es algo que debe esperarse en primer lugar. Incluso en ocasiones en las que se espera una propina, ésta debe seguir un protocolo que incluye entregar el dinero en sobres especiales como señal de gratitud y respeto.

El personal de los hoteles, que casi siempre es cortés y rápido, está entrenado para rehusar amablemente las propinas. Fue uno de los primeros países que adoptaron el cargo por el servicio en los restaurantes.

En 1995, Francia aprobó una ley que requiere que los restaurantes agreguen en la cuenta un cargo por el servicio, una práctica que después se hizo común alrededor de Europa y otras partes del mundo como forma de mejorar los salarios de los meseros y hacerlos menos dependientes de las propinas.

Sin embargo, las propinas siguieron siendo habituales, a pesar de que hay sondeos que muestran que las generaciones más jóvenes tienen a no dejar propinas.

En Sudáfrica, se cobra por un servicio específico que a menudo no se cubre en muchos otros países: vigilar el auto.

Es una industria informal que ha aumentado en proporción con la tasa de desempleo de Sudáfrica, ahora de 25%, y básicamente consiste en individuos que ayudan a los conductores a encontrar lugares para estacionar sus autos y vigilarlos. Algo que también sucede en países latinoamericanos como Colombia.

Según estadísticas oficiales, casi 140 vehículos fueron robados cada día en el país el año pasado.

Muchos restaurantes en India imponen cargos por servicio en las cuentas así que se considera que está bien no dejar una propina.

Y cuando se deja, debe ser de entre 15 y 20%. la cultura».

Las propinas están profundamente arraigadas en Egipto, donde se conocen como baksheesh.

Los egipcios más ricos regularmente dan propinas a todo tipo de trabajadores de servicios, desde meseros hasta empleados de gasolineras.

Las gratificaciones son bien recibidas en una economía donde el desempleo es de más de 10% y en el que el sector informal contribuye a casi 40% del PIB a las

Quienes han visitado Irán quizás se han encontrado con el ritual del taarof, la práctica de deferencia en la que inicialmente se rechaza el pago como forma de cortesía y puede ocurrir en los taxis, donde el conductor puede rehusarse a aceptar el dinero.

Pero esto no ocurre con las propinas, que son parte de la vida diaria.

Durante la era soviética las propinas no estaban permitidas en Rusia, se les consideraba una forma de denigrar a la clase trabajadora.

Pero los rusos tienen una palabra para éstas: «chayeviye» (para el té).

En los 2000 la práctica de dar propina se extendió, pero actualmente muchas personas mayores siguen considerándolas ofensivas.

La calidad del plato influye muy raras veces en la cantidad de dinero que se les dejan a los camareros. Otros factores hacen mucho más la diferencia, el simple hecho de sonreír podría más que duplicar la propina. Para que esto funcione es necesario, por supuesto, que la sonrisa parezca sincera.

En un restaurante se le pidió a la mitad de los meseros que se presentaran por su nombre al comienzo de la comida y a la otra mitad se les dijo que no lo hicieron. Las propinas tornaron alrededor de un 15% para los que no se presentaron y un 23% para los que lo hicieron.

Pero si avanzamos por los países Latinoamericanos, nos encontramos con que la propina hace parte fundamental de la economía y del consumo de bienes y servicios.

La propina en los restaurantes, la llamada voluntaria, se da al portero que cuida el auto, al que este encargado de los baños y la obligada en la cuenta.

Los domiciliarios de todo tipo reciben su propina, a los prestadores de servicios para el automóvil, en el salón de belleza, en el supermercado a quien ayuda con los paquetes, al que nos sirve en una recepción, matrimonio o coctel para que el licor fluya, en general a todo el que informalmente presta un servicio.

La canasta familiar deberá contemplar este rubro, que mueve y encarece el engranaje de la actividad diaria.

 

Sigue leyendo a Oscar Delgado