Cierto es que de aquellas épocas en que nuestros padres se infartaban y ponían el grito en el cielo cuando resolvíamos que queríamos tatuarnos, han quedado tatuadas en el pasado.

Las mujeres quieren un pequeño tatuaje en el tobillo o donde la espalda pierde su nombre. Esos alacranes feos y miedosos se vuelven hermosos en la epidermis femenina. Otras lo quieren más notorio, más definitivo, casi que hable de una situación emocional. Las hay que quieren el nombre de su amor, vaya uno a saber cuánto durara, el amor, porque el tatuaje permanecerá varios amores más. Los hay amigables con el medio ambiente, como flores, frutas o ramas de árboles o troncos, que denotan sus raíces y, como la leche, su larga vida.

En los hombres sucede algo similar. Ya no es propiedad de los marineros en sus fuertes brazos. Son de verdad pinturas de todo tipo en su cuerpo que se convierten, repetidas veces en el lienzo de su pintura. Los futbolistas más nombrados, los artistas de la música, ciclistas, modelos, empresarios, delincuentes, en fin, todos quieren un tatuaje. Incluso conozco el caso de un serio político Colombiano, hijo de un importante dirigente, asesinado por el narcotráfico, que se tatuó en su espalda la imagen de su padre reconocida en un cartel de la época. Ha llegado esta modalidad a productos de consumo, que mercadean tatuajes en sellos para motivar a los niños y jóvenes su compra.

Todos tenemos bien claro el hecho de que el arte de los tatuajes no es algo nuevo, éste no pertenece a la modernidad ni mucho menos. De hecho, el arte y la práctica de los tatuajes tiene miles de años, lo hemos hablado ya en repetidas oportunidades y hasta hemos visto que se han encontrado momias de más de 5 mil años con. La cuestión es que entre los primeros diseños que existieron, las líneas amplias y entrelazadas que terminaban en punta y que se componían únicamente por un color, eran el factor común.

Es decir que más allá de que en los últimos 50 años este tipo de diseño tuvo un revival, volviendo a ser de los más frecuentes (cosa que hoy no es tan así), lo http://www.elcomercio.com/afull/tatuajes-quito-piel-tinta-cuerpohumano.html. fueron de los primeros en existir. Por supuesto, de allí su nombre, pues se trataba de un diseño propio de las tribus y los clanes de la antigüedad, con especial mención de las tribus polinesias, como los maoríes.

No obstante, también cabe mencionar que aunque éstos son los ejemplos que nos resultan más fácilmente reconocibles, civilizaciones aún más antiguas tenían tatuajes similares, como por ejemplo los vikingos.

Históricamente, además del sentido de identidad que los tatuajes tribales le proporcionaban a cada miembro del grupo, a este tipo de diseño se les atribuía el poder de la protección y se los utilizaba con fines religiosos o espirituales, siendo un verdadero ritual ceremonioso en muchas ocasiones. Eran parte de una tradición en diferentes culturas, así como también una marca que simbolizaba el pasaje a la adultez, la hombría, el coraje y el valor.

Sin embargo, esto no siempre fue así y en ciertas culturas, los tatuajes no necesariamente tenían que estar ligados a la masculinidad, habiendo muchas mujeres tatuadas con tribales. En otros grupos, especialmente en las antiguas tribus de Oceanía y sobre todo en los maoríes, los tribales eran un símbolo que denotaba el estatus social, el poder y el prestigio de quien en su piel los llevaba.

Todas estas connotaciones también tenían mucho que ver con la práctica del tatuaje en sí, es decir, con la forma en la que estos diseños se grababan en la piel. Se utilizaban herramientas muy rústicas que requerían de horas y horas de profundos pinchazos en todo el cuerpo, algunos en lugares que hoy nos pueden resultar algo complejos, como por ejemplo el rostro. Tatuarse entonces no era algo tan sencillo como en nuestros días, quienes llevaban la piel marcada debían soportar el dolor y tener mucho coraje.

Entre otros aspectos, podríamos mencionar que en algunos casos, por ejemplo servían como un método de batalla. Como en una suerte de guerra psicológica, los guerreros de estas tribus se tatuaban para impresionar a sus combatientes, quienes veían a estos hombres como verdaderos demonios, con los rostros teñidos de diversos dibujos que los hacían realmente atemorizantes.

Con el paso del tiempo, estos diseños se fueron manteniendo como una tradición y luego, a veces con menor o mayor frecuencia, más populares. En las últimas décadas tuvieron un resurgimiento y numerosas celebridades del mundo del espectáculo optaron por los tribales como diseños predilectos. Entre otras cosas, cabe mencionar que lo fácil que hoy resulta hacer y diseñar un tatuaje tribal, ayudó a volverlo aún más popular.

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Sigue leyendo a Oscar Delgado