La vereda La Paz, un punto perdido en la selva colombiana, ubicada en el departamento del Guaviare, sin luz eléctrica, agua potable, médico, ni policía, los campesinos fabrican su propia moneda: la pasta de coca. En lugar de caja registradora manipulan una balanza electrónica donde pesan los gramos del alcaloide, que los niños llevan en vasos desechables y los adultos en los bolsillos. Todos viven de lo mismo: el cultivo y procesamiento de la hoja de coca, una actividad que lejos de enriquecerlos, apenas les da de comer.

La Paz, un sitio en la selva colombiana en donde la moneda es la coca

La Paz, un sitio en la selva colombiana en donde la moneda es la coca

La Paz y sus alrededores, una reserva natural de bosques tropicales donde se han asentado ilegalmente unos 6.000 colonos, se cultiva la pasta de coca, la cual, una vez transformada en cocaína, alcanza precios exorbitantes en Estados Unidos.

Los 300 colonos que viven en La Paz están conectados a través del río, una carretera de tierra y dos líneas telefónicas. La sirena de un altavoz les avisa cuando entra una llamada.

A quienes aceptan sustituir por sembradíos legales, el Estado les garantiza ayudas económicas, pero los que se rehúsan enfrentan a los policías antidisturbios que irrumpen con los erradicadores.

Bajo presión de Estados Unidos, el mayor consumidor de cocaína en el mundo, Colombia pretende acabar este año con 100.000 hectáreas por las buenas o a la fuerza. El acuerdo de paz prevé que los ahora exguerrilleros de las FARC apoyen la sustitución. Por su parte, los campesinos cocaleros sacan fiado todo, desde las semillas de la hoja hasta la comida, y luego saldan sus deudas con “mercancía”.

“Pasan meses que nunca miramos el efectivo. Cuando una persona viene a comprar (la mercancía), no le preguntamos quién es y para dónde va”, expresa un líder comunal de 50 años.

Los compradores pueden desaparecer por largo tiempo, sobre todo, cuando la presencia de la Policía es frecuente. Además, los campesinos se arriesgan a salir con los gramos de coca hacia la ciudad de San José, a casi cuatro horas, camino en el que las autoridades pueden detenerlos.

“La Paz y sus alrededores, una reserva natural de bosques tropicales donde se han asentado ilegalmente unos 6.000 colonos…”

Los pobladores de toda esta región del Guaviare, esperan que los programas del gobierno nacional, se hagan realidad: la sustitución de los cultivos. Ellos quieren salir de este túnel, dicen, pero la lucha ahora se centra entre la sustitución voluntaria de los cultivos y la erradicación forzada que el gobierno implementará.

Todos esperamos que la Paz sea posible en Colombia y La Paz, el municipio, logre lo propio.

 

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