Oscar Delgado

Aquella mañana disfrutábamos con mis hermanos de una caminata por los caminos verdes de nuestra vereda, cuando atropelladamente nos alcanzaron unos caballos, que jugueteaban y corrían en círculo como mostrándonos lo briosos y lindos que eran.

 

Pame, le dije a mi hermanita, mira el Rusio como te mira invitándote de paseo. No móntalo tu yo

lo hare con caramelo. Y así quedaron bautizados Rusio y Caramelo.

Esa noche en la casa comentamos en familia que habíamos encontrado dos caballos, éramos dueñas de un par de corceles que nos llevarían por todos los caminos de la imaginación.

A la mañana siguiente, después de desayunar, salimos contentas de poder encontrar a nuestros amigos, y ohhh, sorpresa allí estaban, pastando, corriendo y al vernos, muy felices nos corrían alrededor. Sin pensarlo mucho de un salto estábamos cabalgando por la pradera soleada y verde que nos alejaba de la casa.

MIS CABALLITOS RUSIO Y CARAMELO

MIS CABALLITOS RUSIO Y CARAMELO

De repente un resplandor nos cegó y sin tiempo de reaccionar estábamos dentro de una nube iluminada .Todo era flores y frutas, caballitos juguetones, de todos los colores y tamaños.

El lugar parecía una feria con música, juegos, dulces y gente que feliz participaba de todas las competencias.

Pame y yo no lo podíamos creer. Era como un sueño. Como un paraíso lleno de frescura y vida.

Nos mirábamos aterradas  los vestidos que teníamos puestos, parecíamos dos hadas madrinas, pero con botas y ropa de montar.

Nos acercamos al lugar que anunciaba una competencia de obstáculos con varas, maderos y muros a lo largo de un cuadrante de 100 metros.

El sol de mediodía iluminaba todo el escenario y en un parpadear sonó la señal avisando el comienzo de la competencia.

Rusio y Caramelo nos llevaban de últimas, mi hermanita entre gritos y llanto gritaba a Rusio que corriera más rápido, pero el muy resabiado se quedó como diciendo, Caramelo es el que debe ganar.

Así que apreté las rodillas en su lomo y grite: Caramelo, Caramelo no nos vas a decepcionar, Rusio y nosotras queremos que ganes, si lo hacemos juntos te daré todas las zanahorias y el azúcar, tendrás un establo para ti solo y baño diario con el cepillo suave.

En esa carrera, parecía que voláramos o tuviera Caramelo un motorcito. Pasábamos a todos los competidores y sin pensarlo estábamos en la meta de ganadores, bravo caballito eres lo máximo.

No cabíamos de la felicidad, Rusio llego de tercero como escoltando a su amigo.

A paso lento desfilamos por la pista de regreso a los establos y allí nos esperaba toda la gente en gran algarabía. De un salto estábamos dentro de la luz resplandeciente que nos envolvió de repente y caímos en la puerta de nuestra casa.

Nuestra vida fue distinta después de esta fantasía, Rusio y Caramelo fueron nuestros más inseparables amigos. No es eso de que el perro es el mejor amigo del hombre, ellos lo son para nosotras.
Lo cierto es que para ganar no hay que llegar primero y si lo hacemos, siempre será por el incentivo de llegar a la meta y de atrevernos a cumplir los sueños. La recompensa siempre nos espera.

 

 

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