En un pasado articulo hablamos de los dichos populares. En esta ocasión veamos otros interesantes.

A ojo de buen cubero
Esta frase se refiere a algo que se hace de forma aproximada, sin precisión exacta, y sin usar ningún tipo de instrumento o herramienta de medición.
Antiguamente las cubas destinadas a contener agua, vino, aceite u otro líquido distinto eran fabricadas una a una por el cubero de forma artesanal y su capacidad variaba mucho en función de las medidas dictadas por los señores feudales. Todo dependía pues de la habilidad y el “buen ojo” del cubero para calcular su tamaño y que fueran todas más o menos iguales.

En río revuelto, ganancia de pescadores
Este dicho alude a los que medran aprovechando las revueltas y trastornos. En las situaciones confusas o cuando se producen cambios o desavenencias, hay quienes sacan beneficio aprovechando las circunstancias.
La experiencia demuestra que los pescadores cogen mucho más pescado en el agua turbia que en la clara, quizás porque cuando está turbia los peces no ven los peligros y caen más fácilmente.

Como Pedro por su casa
Dícese de la persona que se mueve con desenvoltura en un lugar que no le es propio. En ocasiones tiene un significado peyorativo para referirse a un intruso cuya actitud es impertinente, arrogante y excesiva. También se usa cuando alguien tiene mucha confianza y se comporta con toda naturalidad, saltándose a veces la prudencia que se supone.
Se desconoce quién era el tal Pedro al que alude el dicho, aunque algunos autores lo sitúan en Aragón donde existe una versión que dice: “Entrase como Pedro por Huesca”, que alude a Pedro I de Aragón (1070-1104), que en 1095 reanudó el sitio impuesto a Huesca por Sancho, encontrando muy poca resistencia para tomar la ciudad.

Meter gato por liebre
Engaño malicioso por el que se da alguna cosa de inferior calidad, bajo la apariencia de legitimidad.
Antiguamente, las hospederías, posadas y fondas gozaban de una dudosa fama, sobre todo en materia de viandas y calidad de sus comidas; algo que ha mantenido la tradición con el paso de los siglos. La literatura universal está llena de alusiones, muchas de ellas irónicas, acerca del valor de los alimentos ofrecidos en ellas. Era tanto el descrédito de estos lugares que llegó a hacerse usual entre los comensales la práctica de un conjuro, previo a la degustación, en el que parados frente a la carne recién asada recitaban: “Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta al plato”.
Por supuesto, este “exorcismo” nunca sirvió para demostrar la veracidad de la fama de la posada, pero dio origen a la expresión dar “gato por liebre”, que con el tiempo se incorporó al lenguaje popular. Entre otras acusaciones, los venteros a menudo eran sospechosos de echar un asno en adobo y venderlo como ternera, y también de servir platos cuyo contenido no se sabía si era conejo, liebre, cabrito o gato. Una de las estafas más comunes era dar carne de gato en lugar de liebre. De ahí que este dicho se utilice cuando se intenta engañar en la calidad de una cosa, ofreciendo otra inferior que se le parece.

Dormirse en los laureles
Referente a alguien que se ha relajado, descuidado, ha dejado de hacer algo que debería hacer o lo está haciendo pero con desgana y poca eficiencia.
Para conocer la procedencia de esta expresión tenemos que remontarnos a la época del Imperio Romano o incluso antes. Antiguamente, a los poetas, emperadores y generales victoriosos (incluso aquellos gladiadores que se ganaban la libertad en la arena o los atletas triunfadores en los juegos) se les coronaba con guirnaldas confeccionadas con hojas de laurel. Después de haber conseguido el triunfo y el reconocimiento general, esa persona dejaba de trabajar y esforzarse y se dedicaba a “vivir de las rentas”, diciéndose entonces que se “dormía en los laureles” (de su corona).

Echar con cajas destempladas
En la actualidad, esta expresión se aplica para despedir a alguien de determinado lugar, acompañando de acritud y malos modos, cuando no con gritos e insultos.
En el pasado, las “cajas destempladas” se relacionaban con los tambores. Cuando un militar incurría en un delito de infamia, los superiores disponían separarlo del Cuerpo y se procedía a “destemplar” el parche de las cajas o tambores. Entonces, redoblando sobre ellos, se realizaba la degradación pública del acusado, y el soldado era expulsado con deshonor. Asimismo, con el acompañamiento de las “cajas destempladas” (o desafinadas) eran conducidos hasta el patíbulo los reos condenados a muerte. Según la RAE “destemplar” es “destruir la concordancia o armonía con que están templados los instrumentos musicales”.

 Hay gato encerrado
Se dice cuando desconfiamos de alguna cosa o nos da en la nariz que hay algo turbio en algún asunto, alguna causa o razón oculta.
Para encontrar el origen de esta expresión debemos trasladarnos a los siglos XVI y XVII (Siglo de Oro) cuando se puso de moda llamar “gato” a la bolsa o talego en que se guardaba el dinero. Era habitual llevarlo, como remedio a posibles hurtos, escondido entre las ropas o guardado a buen recaudo en algún lugar de la casa. La víctima en el punto de mira de los ladrones solía ser vigilada para ver si tenía dinero y donde lo llevaba. La consigna que se daban entre sí los amigos de lo ajeno consistía en decir si allí había ”gato encerrado” o, lo que es lo mismo, una bolsa con dinero escondido. Hechas con piel de ese animal, se les empezó a llamar popularmente “gatos” a las que podían contener riquezas desconocidas. Aunque hay quien afirma que por ese nombre también se conocía a los pequeños rateros que hurtaban con astucia y engaño (la RAE así lo recoge), una habilidad que recuerda al comportamiento de los gatos.

Las cosas claras y el chocolate espeso
Llamar a las cosas por su nombre.
Cuando el monje español fray Aguilar envió desde América las primeras muestras de la planta de cacao a sus compañeros de congregación del Monasterio de Piedra para que las dieran a conocer, al principio no gustó mucho por su sabor amargo, siendo utilizada solo con fines medicinales. Más tarde, a unas monjas del convento de Guajaca (luego Oaxaca, nombre que le dio Carlos V en 1532 por su extensa zona de árboles de guajes) se les ocurrió agregar azúcar al preparado de cacao, causando furor el nuevo producto en España y poco más tarde en toda Europa. Fueron tiempos en que la Iglesia se debatió entre si la bebida rompía o no el ayuno pascual, al tiempo que el pueblo discutía sobre cual era la mejor forma de tomarlo: espeso o claro. Para unos el chocolate se debía tomar muy cargado de cacao, chocolate espeso o “a la española”; mientras otros se inclinaban por la forma “a la francesa”, más claro y diluido en leche. Finalmente ganaron los que se inclinaron por el chocolate “cargado”, y la frase “las cosas claras, y el chocolates espeso” para llamar a las cosas por su nombre. No hace muchos años aún circulaba una variante en la que la palabra “cosas” se sustituía por “cuentas” para referirse a las deudas de las personas.

Las paredes oyen
Señal de advertencia para que se tenga cuidado con lo que se dice en determinado momento y lugar.
Procede de Francia, del tiempo de las persecuciones contra los hugonotes que culminó en la histórica “Noche de San Bartolomé”, episodio sangriento de las luchas religiosas que asolaron en la segunda mitad del siglo XVI. Cuentan los cronistas que fueron la reina Catalina de Médicis, esposa de Enrique II, rey de Francia, desconfiada y perseguidora implacable de sus rivales, y el duque de Guisa, quienes instigaron a los católicos a llevar a cabo la matanza de hugonotes (seguidores de Calvino) la noche del 24 de agosto de 1572. Con el fin de poder escuchar a las personas de las que más sospechaba, mandó construir conductos acústicos secretos en las paredes de sus palacios y así prevenir cualquier conjura que se estuviera tramando en su contra.

 Meterse en camisa de once varas
Expresión coloquial que señala la poca conveniencia de complicarse la vida innecesariamente.
Tuvo su origen en la Edad Media durante la ceremonia de adopción de un niño. El padre debía meter al niño adoptado dentro de la manga de una camisa grande, hecha muy holgada para la ocasión, sacando al pequeño por la cabeza, al tiempo que le daba un fuerte beso en la frente como prueba de su paternidad aceptada. La vara (835,9 mm) era una barra de madera o metal que servía para medir y la alusión “once varas” de la frase era para exagerar la dimensión de la camisa que, si bien era grande, no podía medir tanto (mas de nueve metros). En algunas regiones de Europa la ceremonia continúa vigente pero en este caso con la madre para simular el parto.

Ni chicha, ni limonada
Equivale a decir no vale para nada, no tener un valor específico, ser una media tinta. También se usa en el sentido de no ser una cosa ni otra.
La chicha según el diccionario, además de la voz que desde antiguo se emplea en el lenguaje infantil para llamar a la carne comestible, es la bebida alcohólica resultante de la fermentación del maíz en agua azucarada; mientras que lalimonada, bebida mucho más conocida, está hecha a base de limón. El dicho “ni chicha ni limonada” surgió en ciertas reuniones festivas de algunos países de Latinoamérica para advertir a los concurrentes que no hay o no quedaban ni bebidas alcohólicas ni refrescantes.

No hay tu tía
Se utiliza para hablar de algo que no tiene solución o esperanza de cambio.
El dicho “no hay tu tía”, modificación de no hay atutía, remedio que se usaba para todos los males, se decía para señalar que una enfermedad no tenía solución ni siquiera aplicando el virtuoso preparado. Una de las personas que lo hizo suyo, aunque algo deformado, fue Manuel Fraga Iribarne cuando después de salir elegido José María Aznar con su beneplácito como referente del Partido Popular mostró a los compromisarios de su partido una carta manuscrita de Aznar en la que presentaba su dimisión y se sometía a la voluntad del fundador. A lo que Fraga respondió diciendo: “Aquí no hay tutelas, ni tu tías, aquí está el líder del partido, que ya solo por este gesto merece serlo”.

Hasta aquí algunos de los dichos populares más conocidos. Seguro que los hemos escuchado o practicado en más de una ocasión, pero también que una gran mayoría desconocíamos el trasfondo histórico o leyenda popular que les rodea. Se nos quedan otros muchos como… comiendo pavo, cuando el río suena, más vale pájaro en mano etc., son innumerables, pero para otra ocasión.

 

Sigue leyendo a Oscar Delgado