Esta es una historia de la vida real acontecida en Staffordshire, una población inglesa, que, por su truculencia, llama la atención como para un guion cinematográfico.

Richard Mason es un británico cuya vida cambió de forma brusca cuando a sus 55 años se enteró de algo que afectó por completo su vida. Mediante un chequeo médico descubrió que sufría una enfermedad mortal que estaba acabando con sus días. Pero si eso no fuera suficiente, además supo que era estéril, lo que suponía que ninguno de sus 3 hijos podía realmente ser suyo biológicamente.

Era una mañana como cualquier otra cuando Richard se dirigió junto a su esposa Emma al hospital para un chequeo.

Hacía poco tiempo había sufrido una afección pulmonar. Se trataba de una visita de rutina, o eso es lo que él creía. Nunca imaginó que los médicos le dirían que sufría fibrosis quística, una enfermedad que se había cobrado la vida de su hermana años antes.

Richard se había hecho una prueba años atrás para conocer si podía desarrollar esta afección, la cual había dado negativo. Con antecedentes familiares, sabía que se trataba de una enfermedad con una tasa alta de mortalidad y con pocas opciones más que un trasplante doble de pulmón, que, además, no siempre funciona. Lo que no sabía, es que la mayor parte de afectados por FB son estériles. Sus esperanzas se desplomaron a la par que su diagnóstico.

El hombre buscó opiniones de los mejores profesionales al rededor del país, y todos coincidieron en el diagnóstico: sufría fibrosis quística. El siguiente paso lógico para este hombre era confirmar si efectivamente, los tres niños que había criado con tanto amor no eran suyos.

Richard llevaba 10 años divorciado de su ex y madre de sus hijos. Su relación nunca había sido buena, ni siquiera cuando seguían juntos, pero fue quien, al fin y al cabo, engendró a sus supuestos hijos. Al separarse, ella recibió cinco millones de dólares de su fortuna, además de una suma mensual como pago de la manutención de sus hijos. Al conocer su diagnóstico, ella fue la primera persona a quien llamó. Lo negó todo, alegando que no importaba qué dijera la ciencia.

Poco a poco, recuerdos fueron saltando a la memoria de Richard. Como aquella vez que un camarero la reconoció en un restaurante indio, que ella aseguró no haber pisado anteriormente. O la repentina obsesión de su ex por no bautizar a sus hijos, y escoger nombres de origen judío para ellos. Fue uniendo pequeñas piezas.

El hijo mayor de Richards, William, a sus 21 años, tenía capacidad de entender lo que estaba pasando. Así que su padre, o al menos el hombre que lo crio como padre, comenzó por explicarle su diagnóstico. Luego continuó con los detalles, como el que la mayoría de afectados por FQ son estériles. La posibilidad de que su padre no fuera su padre, lo devasto.

William se enfrentó a su madre en busca de la verdad. Y tras negarlo repetidamente, la mujer tuvo que reconocer que durante el tiempo que duró su matrimonio, en torno a las dos décadas, le fue infiel a su marido. Sin embargo, la mujer aseguró que siempre había sido cuidadosa en sus relaciones, y que, por tanto, este amante misterioso, el que habría conocido en la noche de Londres, no podía ser el padre de sus hijos.

La frialdad e intereses materialistas de su exesposa habían ido demasiado lejos. Ella prefirió mantener la mentira, para poder sacar más dinero por manutención, e incluso llegó a contratar los servicios de un detective, con la intención de poder encontrar algo para poder obtener más dinero de su marido.

Ella llevaba un lujoso estilo de vida a costa de su esfuerzo. La mentira y el engaño habían enfurecido al millonario británico, que contrato a un abogado experto en fraudes similares para llevar su caso. No se trataba de algo estrictamente económico, sino de encontrar justicia. Las pruebas de ADN confirmaron lo que todos ya sabían.

Con base en las evidencias, el abogado se remontó al acuerdo de divorcio, el cual nunca debió haber sido así.

William no necesitaba pruebas de paternidad, pues Richard era su padre para él. Pero todo cambió cuando éste decidió demandar a su madre.

Él y su hermano Joel decidieron romper lazos con el que durante todos esos años había sido su padre. Ed, el tercero, optó por mantener el contacto con su padre no biológico. Y es que los dos jóvenes no tomaron de buena forma aquel enfrentamiento, y se sintieron menospreciados.

La vida de Richard dio un cambio que nunca había previsto. De ser un padre de familia que adoraba pasar tiempo con su hijo, pasó a no hablarse con dos de los 3 que había criado como propios. Sus planes de futuro se habían desplomado como un edificio en ruinas. De pronto, los últimos 21 años de su vida habían estado dominados por las mentiras.

Haber vivido así tuvo consecuencias para todos, no solo para Richard y sus hijos. El empresario tuvo que darle esta noticia a sus hermanos y a su madre. Brenda, la anciana de 85 años, no pudo asimilar la noticia por su Alzheimer, por lo cual cada vez que el hombre la visitaba, debía responderle sobre ‘dónde estaban sus nietos’. Todos tuvieron que amoldarse a su nueva situación familiar, que repentinamente había cambiado con brutalidad.

Desde que esta historia se hiciera viral, han transcurrido ya 2 años. Desde entonces, la salud de Richard se ha visto disminuida, y es probable que requiera de un tanque de oxígeno para poder respirar, tal y como ocurrió con su hermana hasta su fallecimiento. Su gran amor es su actual esposa Emma, que también pasa por un mal momento de salud al haber sido diagnosticada con cáncer de mama.

Si bien Richard tiene sus propias teorías sobre quién pudiera ser el misterioso hombre y padre biológico de sus hijos, oficialmente no sabe quién es. Su ex nunca quiso confesarlo, por mucho que él insistiera y rogara por conocer la verdad. Richard llegó a confesar que todo aquello afectó mucho su vida, y que, si pudiera pedir un deseo, ese es que sus tres hijos siempre lo consideren su padre. Incluso por encima del biológico, si éste algún día llegara a aparecer.

La última noticia que se dio a conocer del caso de este hombre británico fue mediante una entrevista que William concedió. Allí confesaría que lleva 3 años sin hablarse con su padre, desde que éste demandó a su madre. Ésta, por su parte, sigue soltera y viviendo a lo grande en una preciosa casa en Staffordshire.

Pero eso no fue todo lo que el joven dijo. Confesó que aún no tiene ningún tipo de información acerca del hombre que pudiera ser su padre biológico. Pero lo que sí sabe, es que no se arrepiente del distanciamiento con Richards, a quien ha descrito como un hombre muy manipulador y un mal ejemplo durante la etapa de crecimiento. Según sus propias palabras “no es el hombre que todos creen”.

Amor, engaño, odio, parece ser el epilogo de esta historia, que aún no tiene final.

Sigue leyendo a Oscar Delgado