Así como su devaluación ha llegado a 1 millón %, entre el 2015 y 2017, salieron de Venezuela cerca del Millón de personas hacia países de Suramérica y Europa. Colombia es el primer destino de ellos, creciendo más de 11 veces en estos dos últimos años.

Los chilenos salieron de su país durante la dictadura, los argentinos también se refugiaron en otras naciones huyendo del régimen. En Colombia el desplazamiento forzado, producto de la violencia, marcó la historia del país. Los centroamericanos siguen haciendo la mortal ruta del migrante y cruzan México en busca del sueño americano. Los cubanos atravesaron el mar sin importar el riesgo. Ahora los venezolanos son los nuevos migrantes de América Latina. En el Caribe comienzan a ser llamados los “nuevos balseros”, porque van en lanchas ilegales a Curazao. Los venezolanos venden casas y carros y salen en estampida de un país fracturado. El éxodo es real, así el gobierno de Nicolás Maduro lo niegue.

De un  reportaje del diario El Tiempo de Bogotá, tomamos algunos conceptos dramáticos:

´´Migrar a Curacao es el pasaporte a la muerte,

´´Argentina es la nueva Miami de América Latina. No me quiero ir, pero siento que mi país nos  bota.

Está ocurriendo una estampida que agudiza la soledad, se palpa en los apartamentos que han quedado deshabitados, en los vehículos que se ven abandonado, en los estacionamientos de los edificios, en las ventas de garaje de quienes están próximos a irse y buscan salir de lo que les queda, en los remates de inmuebles, o en la proliferación de páginas en Facebook, que comienzan con el nombre “Venezolanos en…”.

Miles de niños salen hacia Perú, Bolivia, Chile en busca de tratamiento para cáncer u otras graves enfermedades, se hace lo posible, dicen autoridades de inmigración, lo cierto es que la salud y los hospitales en Venezuela colapsaron.

Son los nuevos balseros de Latinoamérica. En la costa norte de Venezuela, las lanchas rápidas pasaron de llevar droga y contrabando a transportar ilegalmente migrantes.

Esta debe ser la mayor preocupación del continente, ayudar a un país fracturado, hermano y a todas luces ciego e impotente de unirse para rehacer su situación social y económica.

Ojo, que lo que estamos viendo en Nicaragua es un camino aterrador casi igual o peor que el Venezolano. En lo que va del mes de Abril, la represión ha dejado más de 300 muertos.

Los nicaragüenses le rezan a la imagen del santo Domingo de Guzmán que les conceda el milagro, su imagen se baja todos los 1 de Agosto en procesión desde el santuario de las Sierritas, al sur de la capital. Pero hay que hacer más que eso.

La defensa de la democracia no es injerencia, es una obligación que los países asumieron al suscribir la Carta Democrática, la misma que da a la Secretaria General de la OEA, potestades para tomar iniciativas, denunciar y proponer decisiones.

Venezuela y Nicaragua nos necesitan.