En un día de esos en  que uno no quiere hablar, ni ladrar, le contaba a mi amigo, el veterinario del pueblo, lo que me había sucedido en un viaje a la ciudad del cemento y los carros locos.

Paseaba por los parques buscando afanosamente donde descansar de ese viaje largo y cansón.

Aunque soy un perro joven y sano había salido muy de prisa con la ilusión de encontrar a mis viejos amigos de infancia y recordar nuestras aventuras. Al fin y al cabo no tengo perro que me ladre.

De pronto vi un espacio en un rincón que se mostraba discreto y tranquilo como para un buen motoso.

Vida de Perros

Vida de Perros

Una vez instalado me cogió el sueño pensando en que al despertar encontraría un buen amo al que acompañaría siempre con toda mi fidelidad y amistad sin soltar ni un ladrido, hasta podríamos jugar y compartir la casa.

Recordaba aquellos días en que mi mama, la muy perra, se fue con otros perros y nunca más  regreso, dejándonos a mí y mis 8 hermanitos en la calle. Así aprendí  que también en nuestro reino animal hay estratos con perros de primera y perros, como yo, de la calle.

De pronto sentí un ruido muy fuerte, los ladridos de un carro que se acercaba y trataba de quitarme y tomar mi lugar. Era uno rojo con un amo muy agresivo. Se me acerco y a patadas me saco de mi lugar donde dormía. Mi mama me decía: no seas perro rabioso que te van a vacunar.

Salí asustado y lleno de rabia corriendo en busca de mis amigos.

En un potrero lleno de verde y ocupado por carros rojos y negros oxidados, encontré a   4 de mis amigos y dos compañeros. Les conté lo sucedido y llenos de rabia solidarios y fieles, entre nosotros también lo somos, regresamos a buscar el carro rojo y el amo agresivo. Solo encontramos el carro al que con mucha dedicación maltratamos hasta dejarlo como los oxidados del lote. Esto solo produciría asombro entre los amos de la ciudad que no se explicaron esta actitud revanchista.

Vida de Perros

Vida de Perros

Yo sé que esto no podemos volver a hacerlo. La venganza es para los irracionales, y nosotros somos seres inteligentes que sentimos, amamos y  hablamos, solo que aún no se entiende lo que ladramos. Ojala quienes nos maltratan, nos disparan, nos abandonan,  encuentren en alguno de nosotros el amor y la fidelidad que nunca han tenido.

Regresé muy desilusionado a mi pueblo, del que no debí salir, con la enseñanza de que nunca hay que buscar lo que no se le ha perdido y que ojala con suerte pueda encontrar un hogar que no sea la calle ni el cemento, con unos amos que nos den nuestro lugar, nos quieran, nos eduquen y podamos por fin ser perros de primera.

 

Somos el mejor amigo del hombre, ahora hay que lograr que el hombre sea el mejor amigo del perro.

 

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