Barcelona no sólo es conocida a nivel mundial por su gastronomía, su arquitectura o su clima veraniego durante gran parte del año. Barcelona es también conocida por ser una ciudad cosmopolita, un lugar donde se propicia el choque de culturas de todo el mundo y esto se ve claramente reflejado en su arte y en la concepción que tienen sus ciudadanos de este.

La ciudad de Barcelona vivió durante el Modernismo Catalán, uno de los periodos más prolíficos en lo que a arquitectura y arte se refiere. Gran prueba de ello, son los edificios modernistas situados en el Eixample (Ensanche) cuya ornamentación los hace destacar por encima del resto y saltan a la vista del viandante. Pero no todo el arte se puede situar en un periodo artístico cerrado, pues los nuevos tiempos, tecnologías y técnicas, han contribuido a crear géneros artísticos únicos y socialmente reconocidos.
A finales de los años 60 una nueva moda que consistía en realizar pintadas en elementos urbanos mezclando arte y vandalismo, se apoderó de las principales calles de las grandes ciudades estadounidenses  y rápidamente se extendería por todo el globo. Nos referimos al graffiti, una disciplina que poco a poco llenó de color nuestras paredes a través de técnicas y estilos totalmente variados. Ahora, con más de 50 años de historia, miles de artistas y litros y litros de pintura en aerosol, el graffiti ha cogido una nueva dimensión que ha sido capaz de catapultarlo desde las paredes de los barrios más marginales, hasta las galerías de arte más importantes del mundo.

Keith Haring, Macba, Barcelona

Keith Haring, Macba, Barcelona

Pero… ¿Es considerado arte el Graffiti?

El graffiti desde sus inicios ha tenido un componente de vandalismo por lo que siempre ha sido perseguido por la autoridades, los medios o el gobierno. Durante su evolución, muchos han sido los detractores de este corriente artístico, que pese a las sanciones impuestas a los artistas, no ha abandonado en ningún momento las calles de nuestras ciudades. Pero con el paso del tiempo, la llegada de nuevas generaciones y los avances en los materiales usados, han contribuido a crear el corriente que hoy conocemos como StreetArt.

La propia palabra StreetArt, nos define de forma perfecta de qué se trata, pues se traduce como “El arte de la calle”. Con el afán de separarlo y diferenciarlo del Graffiti y evitar así los prejuicios de los ciudadanos, el StreetArt se ha hecho un lugar en nuestras calles generando un debate entre si debería estar prohibido o si se trata de un elemento decorativo único que vale la pena preservar.

Un claro ejemplo de ello es Barcelona, una ciudad que en 2006 aprobó una ordenanza municipal que imponía altas sanciones a los artistas callejeros y que ha estado en guerra contra una comunidad de escritores que expresaban su descontento con la sociedad y el sistema a través de pintadas. Pese a ello, el graffiti ha sabido resistir y con las nuevas corrientes e influencias de grandes artistas como Banksy, vive hoy sus días más gloriosos.

 

“El StreetArt se ha hecho un lugar en nuestras calles generando un debate entre si debería estar prohibido o si se trata de un elemento decorativo único que vale la pena preservar.”

Con un simple paseo por Barcelona, cualquiera se dará cuenta de la gran cantidad de piezas de StreetArt que impregnan nuestras paredes, puertas o elementos urbanos.

El Raval, Poble Sec, el Born o Poblenou, son algunos de los barrios donde este tipo de expresiones son más comunes de ver. Además, existen muros puestos a disposición de los artistas, para que lleven a cabo sus pintadas con la finalidad de no ensuciar las calles de la ciudad y concentrarlos en una zona en específico.

 

Barcelona y su incongruencia política

 Como ya anticipábamos en el arranque del artículo, Barcelona es una ciudad muy cosmopolita, un referente en cuanto a libertades y oportunidades a nivel europeo, pero que está gobernado por políticos cuyos actos dejan mucho que desear en lo que a conciencia política se refieren. Tras prohibir cualquier expresión artística que utilizara como lienzo alguna propiedad privada y poner a disposición de los artistas muy pocos (insuficientes) muros para realizar estas prácticas; la ciudad alardea de ser una de las ciudades europeas más influenciadas por el StreetArt. Prueba de ello son las persianas de muchos establecimientos o el muro del Macba que conmemora la muerte de Keith Haring a manos del Sida con un mural parecido al que el neoyorkino pintó en la ciudad condal a finales de los 80. No solamente se trata de Barcelona, pues muchas marcas aprovechan este estilo para promocionar sus productos y comunicarse con el público joven, como es en el caso de Moritz, la cerveza de la ciudad que permitió a un artista urbano pintar un tren para hacer publicidad de su marca.

Barcelona se aprovecha de la imagen a nivel internacional que tiene el StreetArt para promocionar el turismo en la ciudad mediante campañas publicitarias que emulan este estilo artístico pese a estar prohibido en sus calles y paredes. Así, sólo nos queda preguntarnos si el ayuntamiento de Barcelona es coherente con su mensaje político.

 

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