Aquella habitación había sufrido modificaciones que no recordaba haber realizado. Algunos libros estaban boca abajo.

Entendí que alguien, como yo, percibía que la inmensa mayoría les daba un significado contrario al que el autor quería expresar, así que habría que darles la vuelta para que captasen su sentido real.

Y aquella mesa, que tantas tertulias había presidido no estaba rodeada por sillas, si no por un silencio que devolvía la tranquilidad.

Abrí los ojos. La luz me cegaba y el ruido volvía a interrumpir la calma.

Sólo un sueño podía haber conseguido entender la incomprensión que me rodeaba.