En días pasados, mi hija menor me hizo una pregunta relacionada con el proceso histórico conocido como El Renacimiento. Y buscando darle una respuesta satisfactoria acorde a su edad y a su interés, me bajé con una explicación que, a lo mejor, la dejó más confundida. Decidí entonces, escribir de entrada sobre la época anterior (y sus características muy singulares) a este Renacimiento que llevó al hombre prácticamente a comenzar desde cero, para superar esa etapa lúgubre y decadente conocida también como la Edad Media, la edad del oscurantismo.

Creo que fue un buen punto de inicio, pues, considero que es allí donde está el epicentro que llevó al hombre a transitar esa oscuridad que lo envolvió por siglos, hasta lograr salir de ella y entrar a una nueva era para la luz, para la creatividad, que representó un renacer en la historia humana. Fue la Edad Media un largo lapso de tiempo donde reinaba la oscuridad del saber, producto, sin duda, de la ignorancia del proceso de lectura y escritura del pueblo en general que, por lo demás, se debatía entre condiciones higiénicas paupérrimas, conviviendo en callejas llenas de ratas y otras alimañas que propagaban la peste y con ella, la muerte de muchos seres, sumando un número considerable, día a día.

Los conocimientos acerca de la historia del ser humano y su evolución estaban vedados al hombre común, aquel que vivía dentro de las aldeas o en los bosques bajo la protección y bajo la imposición del señor feudal; dueño de su cuerpo, de su alma y de las tierras que el labriego trabajaba hasta el límite de sus fuerzas. Era la edad de los magos y hechiceros que los libros de fantasía, nos pintan con un sombrero de cono alto y ala ancha y una especie de toga por vestimenta, adornada con estrellas, como queriendo dar la impresión sobre el dominio, o por lo menos, sobre el conocimiento del paso de los astros en el universo, mientras que al vulgo le inculcaban la idea de que la tierra era plana y, además, el centro de las estrellas del firmamento.

Aquellos conocimientos, legados desde antiquísimos períodos, aun antes de los faraones y las pirámides que representaban hechos científicos, respuestas basadas en el razonamiento lógico, estaban reservados para una casta poderosa, dominante, incluyendo lo religioso. La casta sacerdotal, en conocimiento de estas verdades y custodios de los documentos ancestrales que daban cuenta de estos eventos como  hechos de características naturales, consideraron que los mismos debían mantenerse fuera del alcance del hombre de la periferia, pues, era necesario que la clase trabajadora en las faenas diarias mantuviera su ignorancia acerca de lo que decían los pergaminos escritos desde la antigüedad, para que su función se circunscribiera a la capacidad de trabajo manual, rústico y material en la producción de bienes que iban a satisfacer las necesidades de la nobleza y el clero.

Mientras, imponían la idea de que la misión del hombre en la tierra era hacer todo lo que estuviera a su alcance para ganar favores e indulgencia para obtener el derecho de salvar su alma y ascender al reino de los cielos, cumpliendo la misión de combatir las fuerzas del mal que se desparramaban por todo el mundo conocido. Por ello, la época de los caballeros salvadores de doncellas fue una etapa para cumplir un único objetivo que avalara la misión del hombre en este plano terrenal: la relación con Dios y sus representantes en la Tierra. De allí que, el poder del papa estaba a la par del de los reyes y, en muchos casos, por encima. Las cruzadas por el rescate del reino de Jerusalén ante los infieles sarracenos, fueron expediciones guerreras sustentadas en la fe y en la recompensa celestial, avalada por la más alta dirigencia sacerdotal, para los que tomaban la determinación de irse allende los mares a combatir en Tierra Santa.

El Renacimiento, llegado entonces,  influenciado por los deseos de cambios vertiginosos que empezaban a mostrarse ante la sociedad de aquellos días, cuando ya se había descubierto un Nuevo Mundo allende la mar océano, estuvo guiado por los grandes artistas que entremezclaron y combinaron las diversas formas de expresividad, para darle al hombre común la posibilidad de caminar hacia un futuro  a través de sus creaciones con sentido de la belleza que le daban una explicación más racional y coherente a los hechos naturales que se le presentaban a su alrededor y donde el fanatismo y la ignorancia no tuvieran cabida, para explicar los procesos diarios de un mundo dinámico y cambiante, sin que se le atribuyeran esos movimientos naturales y de conducta social a fuerzas por sobre la condición humana. Sin embargo, escudriñando parajes y pasajes de ese momento, nos encontramos que hubo un arte destacado en medio de tanta oscuridad que logró darse a conocer. Vale destacar,  sin duda, la presencia de una figura que llevó, incluso hasta la corte del rey y la nobleza, la música y letra que conformaban una melodía que si bien, estos juglares, que así se llamaban, cantaban y contaban aventuras de caballeros temerarios en la lucha, también lo hacían en la conquista de la dama amada en episodio idílicos que los llevaban a finales felices. Al menos, así lo promulgan los manuscritos que reseñan esa época. Hecho curioso, también, puesto que los pocos escribanos eran monjes encerrados en impenetrables y misteriosos monasterios y, no obstante, conocían de historias mundanas que se tejían extramuros, más allá de aquellos cánticos solemnes elevados al Altísimo a frecuentes y constantes horas de un día en que anochecía demasiado aprisa, cuando las sombras se adueñaban de los pasajes y cámaras escondidas de castillos y torres desnudas y frías, para dar paso al mundo de terror y misterio que hacían estremecer de pánico a los aldeanos, sin atreverse a salir ni siquiera al pórtico de sus casuchas, ante el deambular de fuerzas malignas por las callejas estrechas de esos caseríos, a decir de los más viejos.

De modo que la música, aun cuando siempre ha estado al lado del hombre desde su agrupación social, tuvo un aporte más temprano que otras manifestaciones artísticas que empezaron a manifestarse con más fuerza en el Renacimiento.  La edad del oscurantismo fue un período demasiado largo en la historia del hombre que, si bien, es un campo referencial para llevar a escritores a la creación de mundos fantasiosos, donde se entrelazan criaturas de todo tipo con héroes de características plenamente humanas, no es menos cierto que, por ese largo paso donde se impusieron trabas al proceso natural de la evolución y de los conocimientos perdidos, sustentados en el fanatismo y el dogmatismo religioso, se ocultaron y se desplazaron hechos científicos que con toda seguridad, pudieron haberle dado  mayor impulso a la línea evolutiva y al conocimiento general del hombre y el mundo que lo rodea. Y, ¿quién sabe?, tal vez estuviésemos un paso más allá en lo que se refiere al comportamiento social intransigente y cargado de excesos ideológicos que envuelven al hombre de hoy en todo el ámbito planetario.