La extensión de una obra literaria depende, tanto de lo que se tenga que contar, como del sentido particular que el autor tenga sobre lo que se quiere contar. La literatura ha dado obras de carácter extenso que son consideradas obras maestras o clásicos a través del tiempo, pero también nos hemos encontrado con obras de breve extensión que han podido sostenerse a lo largo del tiempo en la misma categoría y consideración. En la literatura contemporánea ha habido autores que se han decantado por una u otra senda literaria y han podido sobresalir y llegar a ser considerados como maestros en las personales extensiones que han alcanzado en sus narraciones. Ejemplos, hay muchos.

El argentino Jorge Luis Borges consideraba un “desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos”. Otros autores de narrativa breve que alcanzaron gran notoriedad fueron el mexicano Juan José Arreola y el guatemalteco (mexicano), Augusto Monterroso, autor del famoso cuento El dinosaurio de una sola línea: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” El colombiano nobel Gabriel García Márquez se caracterizó por obras literarias de extensión moderada, si cabe el término, aunque El coronel no tiene quien le escriba y Crónica de una muerte anunciada, se destacan por la brevedad y calidad puesta en sus páginas. El mexicano Juan Rulfo es otro ejemplo de calidad y grandeza en sus dos breves libros: Pedro PáramoEl llano en llamas. Otro tanto sucede con el nobel francés Patrick Modiano.

En lo que respecta a la narrativa extensa, también surgieron grandes escritores que se caracterizaron por escribir densas obras, como si el navegar dentro de ese largo número de páginas, constituyese un placer mucho más completo que el que da saborear una pequeña obra por su extensión. Uno de los representantes más significativos de ese estilo ha sido el alemán Günter Grass y un caso muy peculiar, tanto, que ameritó la realización de una película, fue el estadounidense Thomas Wolfe, quien además de ser un hombre inmenso en tamaño, sus obras también alcanzaron volúmenes considerables. El Ulises del irlandés James Joyce abarca seiscientas páginas con toda su complejidad desparramadas a lo largo de ellas. En Latinoamérica el escritor mexicano Carlos Fuentes escribió obras extensas (Terra Nostra), aunque alcanzó notoriedad con Aura, pequeña en el número de páginas. El chileno Roberto Bolaño puede ubicarse en este sendero por sus obras  Los detectives salvajes y la póstuma 2666. El nobel peruano Mario Vargas Llosa también ha sido un andante trajinador de ese tipo de obras: Conversación en la Catedral, es un ejemplo.

Los llamados best sellers son obras ubicadas dentro de un contexto literario muy particular y buscando alcanzar un número considerable de lectores se regodean en hojas y hojas escritas que emocionan al lector de entretenimiento. La serie de Harry Potter de la autora británica J.K. Rowling es un ejemplo notable, así como también la estadounidense Stephenie Meyer con su saga vampírica de Crepúsculo. Dan Brown (norteamericano), también se ubica en la extensión de sus obras escritas sobre las indagaciones esotéricas, ancestrales y místicas de su personaje estrella el profesor Robert Langdon. La excepción tal vez lo sea el libro Juan Salvador Gaviota del norteamericano Richard Bach, obra que se convirtió en un verdadero best seller, a pesar de lo escaso de sus líneas.

Como quiera que sea, los escritores buscan contar en pocas o muchas páginas los relatos que adquieren forma en su mundo imaginativo y como si fuese una seguidilla de pañuelos de distintos colores que van surgiendo desde el fondo de los ropajes de los magos de circos de lejanos pueblos provincianos, nos van presentando una a una, diversas obras que pondrán a la consideración de los lectores. El campo extenso literario y el campo breve literario queda al gusto de cada uno. Pero quizá aquellos que se pasean alternativamente por uno o por otro, sea el más numeroso. Yo me cuento allí.

 

 

 

Sigue leyendo a Victor Celestino Rodríguez