Percibo a la soledad de muchas formas, y más que verla como un estado, empecé a apreciarla como un sentimiento. Una emoción en la cual me puedo refugiar fácilmente, cuando lo desee y cómo lo desee. Quiero necesitarla cuando yo desee necesitarla y no más; no quiero que me abarque cuando menos lo necesito. Por ello, la ansío como un “sentimiento”, una impresión más que pueda yo, en algún momento, poder manejar a mi antojo. ¿Tiene eso sentido?

 

Soy una persona solitaria, y cuando digo que no me molesta en lo absoluto estar sola la mayoría de las veces, la gente suele no creerme. No miento, me gusta estar sola. Tanto que estoy empezando a pensar que puedo incluso estarme sobrepasando, pues me he visto negándome a diferentes actividades solo por éstas implicar a MUCHÍSIMAS PERSONAS. No tolero estar por tanto tiempo en un espacio con tanta gente alrededor, me siento saturada, absorbida y obstinada. Puedo compartir por unos momentos y pasarla bien, mas después debo verme apartada porque, de un momento a otro, caigo precipitada en un recio estado de antipatía que ni yo misma me lo aguanto. ¿Cómo dice el dicho? “Somos animales de costumbre”, y yo me acostumbré a la soledad; me habitué a ella, debo decir. Y de allí me desligo de la sociedad. Voy sola al cine, a la playa, a comer… “Hey, Yani, ¿vemos “tal” película en el cine?”, me pregunta una amiga, a lo que yo respondo: “Ya la vi.” – “¿Y con quién fuiste?” – “Pues, yo sola”. Y así incontables veces. Me siento en un café (o me sentaba, debo corregir. Todo está increíblemente costoso acá y comer fuera sale muy caro) en donde tardan en darme el menú porque piensan que estoy esperando a alguien. Y no, no espero a nadie, me gusta sentarme y comer sola. Seguro el mesero piensa que me han dejado plantada, cuando me sirve la ensalada césar que tanto me encanta… ¡en fin! No voy a prohibirme lo que me gusta solo por no tener quien me acompañe; un dicho que me aplico desde hace tiempo.

 

No es una decisión del todo sana negarme a toda actividad que sea estimulante y divertida, solo por no poder hacerla a solas. Somos seres humanos creados para estar en compañía, según estudios de hacía décadas; y no es una teoría disparatada. Considero que todos estamos aquí para conseguir a quien acompañar y quien nos acompañe en el camino. Ojo, ACOMPAÑAR, ayudar y apoyar. Somos seres sociales, independientes en diferentes aspectos de la vida, pero nunca del TODO INDEPENDIENTES. El contacto social es necesario. Quien diga que puede estar cien por ciento sin la interacción de una persona, está mintiendo. Necesitamos, en más de una ocasión, la compañía de alguien para compartir aquello que deseemos expresar; hablar sobre películas y libros, hablar sobre nuestra propia filosofía, decir chistes de mal gusto, contarnos anécdotas divertidas, opinar sobre nuestros planes… es un anhelo que explota sin más y en cualquier momento… ¿Han visto la película El Naufrago? El personaje de Tom Hanks se ve entablando amistad con una pelota que llama Willson, con la cual conversa cada tanto, y aquello solo se debe a que precisa, con urgencia, hablar y expresar sus sentimientos y pesares a una figura ajena a él mismo. Todos lo necesitamos en algún punto, vuelvo a decir, y negarnos a ello sólo por estar habituados a la soledad, puede llegar a ser nocivo… Y retornando al temita de querer manejar mis tiempos a solas a conveniencia, cuando yo quiera y como yo quiera, debo agregar que también debo trabajar mis relaciones sociales como más sano sea. Me he visto un poquito más dispuesta a salir más con mis amigos más cercanos (esos que se cuentan con una mano) y compartir nuevas experiencias. Así debo mejorar mi vida, en todo sentido. Con mis tiempos a solas y mis tiempos compartidos.

 

Y bien, cuando hablamos de soledad, nos referimos también a la “soltería”. Solo = Soltero. Soledad = Soltería. La frase “estar solo” abarca mucho más que la definición que se le da. ¿“Estoy sola” es decir, “no tengo pareja”? Mala interpretación al “estar solo”, a mi entender; al menos, no es TODA la definición. Pero es una visión válida y la que más se observa hoy en día.

 

Me gusta estar sola, lo repito, pero no niego que a veces me gustaría la presencia de un compañero que añada un condimento diferente a mi rutina. Mas sucede y acontece que no es nada fácil encontrar con quien te sientas a gusto y en confianza para abrirte y dejarte acompañar libremente.

 

Hoy en día, las palabras SOLEDAD y SOCIEDAD están en un contrapunteo constante. Me veo inmersa en una sociedad que parece no aceptar la soledad, y así mismo, estoy habituada a una soledad que parece no aceptar lo que impone esta sociedad. Me arrebujo en mi crisálida y me niego a salir de ella si la sociedad no me ofrece lo que sé que necesitamos, la sana compañía. Y todo sin la idea de cambiar nuestra esencia. Quien sea que te acompañe en tu andar, debe estar bien sujeto a la idea de respetar tus ideales, tu espacio, tu personalidad y todo tu ser.

 

Pero en esta sociedad de ahora, (torcida y frívola en su mayoría) el encuentro de la compañía idónea pasó a ser cosa de cuentos de hadas. A las personas parece importarles muy poco con quien deciden pasar el rato, siempre y cuando estén con alguien. “Alguien y ya”, un “peor es nada”, como suele decirse en mi país. ¿Un peor es nada? PEOR ES NADA… creo haber perdido la cuenta de cuántas veces me dijeron que encontrase “un peor es nada”… Dios, abanicaba con obstinación mis manos e ignoraba tan estúpida sugerencia. ¿Un peor es nada? Pues para mí, no hay nada peor que aceptar la presencia de quien sea en tu vida, sólo por no estar sola. Por favor, a quien yo le dé la oportunidad de compartir conmigo, tanto en la intimidad como en las cosas más superfluas de mi vida, debe generar en mí algo más que un simple deseo de “estar con alguien”… No puedo ni pensarlo. ¿Estar con alguien solo por estar? ¿En dónde está el placer en todo eso? Puedo estar con alguien que me encienda el físico, claro que sí. Sin embargo, cuando la cosa está en solo “encender el físico”, me atrevo a decir que la relación no da para ir más allá. Así mismo, no puedo estar con quien no me estimule intelectual y espiritualmente, con quien no me motive a ser mejor ser humano y crecer como persona. Si la relación carece de eso, ¡tampoco va para el baile! Alguien que nos encienda el físico y nos estimule la mente. ¿Tan difícil es de encontrarlo todo en uno?

 

Les confieso que yo, aún siendo joven, me estoy resignando a la vida en solitario. ¿Será muy pronto para mí decirlo? ¡Si hasta hablo de adoptar un hijo (si no puedo embarazarme) antes de los treinta años! Trato de no cerrarme, soy joven, aún me queda mucho trecho que recorrer; pero cuando has tenido tan mala suerte en el romance, empiezas a creer que el mismo no está hecho para ti. Soy una persona sola, ¿es tan raro eso? ¡Yo no lo creo! Aunque me sienta extraña a veces, no lo creo. 

 

Sé de personas con su “peor es nada”, terrible error. Mujeres excepcionales, buenas personas, que no conciben estar solas por ¿qué? ¿Temor? ¿Imposición de la sociedad?… terminan aceptando a cualquier prospecto que, como hombre y persona, deja mucho que desear. Mujeres muy queridas por mí pero muy poco queridas por ellas mismas… Reconocer que la necesidad patológica de una compañía para una relación amorosa se debe a la falta de autoestima, es el primer paso para empezar a cultivar ese amor propio que tanto se menciona en los libros y demás notas. Porque no podemos estar tranquilas y felices con alguien más, si no aprendemos a estar tranquilas y felices con nosotras mismas.

 

Sepamos que no requerimos de alguien que nos empuje desde atrás, ni que nos hale desde adelante, sino a alguien que camine a nuestro lado, que de vez en cuando nos de la mano y también quien nos deje nuestro espacio cuando anhelamos nuestro tiempo a solas, siempre primordial.

 

¡Querámonos! ¡Aprendamos a hacerlo! Con nuestras fallas y defectos, nuestras virtudes y valores. Las pruebas más fuertes que nos impone la vida las superamos en soledad, porque para todos hay lecciones diferentes. Sólo cuando estemos a gusto con nuestro propio ser, estaremos a gusto con los demás.

 

No teman a la soledad, teman a la persona que no sabe estar sola. Y a aquella que aún renegando a la sociedad, se deja absorber completamente por ella.

 

Soy una persona sola, ¿es tan raro eso? ¡Yo no lo creo! Aunque me sienta extraña a veces, no lo creo. 

 

«Yo solía pensar que era la persona más extraña en el mundo, pero luego pensé, hay mucha gente así en el mundo, tiene que haber alguien como yo, que se sienta bizarra y dañada de la misma forma en que yo me siento. Me la imagino, e imagino que ella también debe estar por ahí pensando en mí. Bueno, yo espero que si tú estás por ahí y lees esto sepas que, sí, es verdad, yo estoy aquí, soy tan extraña como tú.» – Frida Kahlo.

 

Sí, somos muchas así, que nos sentimos extrañas de una u otra forma, desencajadas, fuera de lugar. Y cuando pienso en ello, en mi soledad me siento acompañada.

 

Yaniuska Dorta.