He de confesar que tengo un asunto con las féminas y el humo;
Hay algo feral que me seduce.
Algo indefinido que oscila entre lo vulgar y lo distinguido…
Quizá su origen yace en los recuerdos de cuando era niño
Y contemplaba fotos de damas cuyo único atuendo
Era precisamente el humo y un cigarrillo
Y esas fotos prohibidas
Por mi temprana edad y por decoro
Fueron la inspiración primera
Para la humedad de mis sábanas y la agitación de mis sentidos.
Y necesito aclarar para adelantarme a sus conclusiones
Que no sólo se trata del fálico y freudiano puro
Y tampoco de una fatal y hermosa boca
Que sostiene delicadamente un afortunado cigarrillo
Del que bebe y expulsa
Arabescos que teje con el humo
Así que bueno,
Mi asunto con las féminas y el humo
Se funda también en esa sutil alegoría
Entre la imaginación y el humo
Entre el fuego y la pasión
Que por breves y mágicos momentos
Se mantiene flotando por encima de sus cabezas
Y acaba por desvanecerse
Justo cómo un sueño en los primeros instantes

Después del despertar.
Volviendo a mi asunto con las féminas y el humo,
Esperando, que ahora si se entienda, claro está,
Que el motivo de ésta fascinación
No es tan sólo sexo, sino la alquimia
Con la que la fémina transmuta
A ese puro, a ese cigarrillo
En algo más que ceniza y humo;
Debo admitir que me gusta imaginar
Mientras contemplo con arrobo
Como la diva inhala y exhala
Echando atrás la cabeza
Y entornando los ojos
Que soy yo aquel tabaco y la nicotina
Que entra en su cuerpo
Que se impregna en sus cabellos
Que hincha sus pulmones
Haciendo que suban retadores sus senos
Que soy arrojado por nariz y boca
Después de haber sido degustado
Y feliz en espirales desaparezco agotado.
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