EL PERFUME DE LA LLUVIA
Al final de la avenida, me aguarda el puente romano: húmedo, solitario, un pálpito alargado de vida, de una vida oculta que solo yo puedo percibir. Me adentro en él. Las nubes que bañan mis pupilas son rápidas y oscuras. No tengo prisa. Si yo no lo deseo, el tiempo se detiene. El tiempo detenido huele a sosiego, a cristal, a transparencia.
