Plegaria

 

 

Que lluevan lágrimas de alegría

qué sanen el corazón y el alma

que se agiten los mares de nostalgias

y se disipen los dolores , y se diluyan angustias pasadas.

 

 

Que el odio se transforme en canciones de alabanzas

que las palabras sean para sembrar  amor y esperanzas

que las sonrisas se propaguen raudamente

para que las heridas sean sanadas.

 

No es algo utópico ni lejano

que un remanso de paz

se asome por nuestras ventanas.

 

Sigue leyendo a Claudia Nemirovsky

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