En mis escombros
la memoria se ensangrienta
y el corazón nebuloso
de la mujer que no tengo
insistirá en besarme
una y otra vez
sus cabellos oscuros se esparcirán por mi espalda
me aferraré a sus senos como un demente
serán mis manos dos arañas descuidadas dulces
y en el laberinto de las ciudades cristalinas
veré su cara reflejada en un poema.
Sigue leyendo a Rubenski

