Mi misión es trazar, cada noche, los dibujos astrales

en el fondo siempre renovado de un azul que se transmuta

en negro, dispongo los destellos mayores y menores

los deslumbrantes y los ínfimos apenas perceptibles

Pero más que este mero alumbramiento mecánico me incumbe

el cuidado grave de que el diseño permanezca idéntico

noche tras noche, desde la increación del universo hasta

el día fijado, es decir, el día en que los homos insapiens hayan

logrado descifrar el mensaje que, luna tras luna,

debo componer, o sea, nunca.

 

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