Todas las ciudades

 todas las capitales, funestas manzanas podridas

 atravesadas por un dolor muy prolongado

 

 Argentina de Borges y Sábato

 sus lóbregas entrañas :

 hervidero de gusanos, hormigas ciegas y llantos

 

 El motor de alguna máquina

 el encuentro en las esquinas con el desconocido

 que tiene una nueva secta entre sus ojos y cerebro muerto

 

Los drogadictos con ojos embolsados y manos de centenario

los borrachos de cara limpia y corazón arrugado

toda esa multitud de pobres y esclavos anudados a las calles

y las olas de un mar de sueño embravecido

sobre los débiles edificios alumbrados

 

Todas las ciudades sin ángeles mendigos mentirosos

llenas de palomas furiosas y humo gris de escondidas chimeneas

ríos de sangre y esperma, se mezclan a las aguas oscuras

de los alcantarillados poblados de ratas y cucarachas tenaces

antros perfumados de las noches, saben sus historias

 

Con juglares y cachibaches de babeles de cuento

cada soledad es un nido de serpientes

soledad de la niña que nos dice : ¡ no te amaré !

hasta que no juntes mis tobillos a la altura de mis trenzas

soledad de ajadas colillas en los ceniceros

la loca competencia de piernas, sexos, lenguas en torbellino

 

El frío de esa piel de ese hule que quema los sentidos

¡ah!, esas estupendas necrópolis y esos soberbios hospitales

donde la esperanza sube como árbol ancestral

contra un cielo de blancos algodones

 

La ausencia feroz de la vida entre multitudes heladas

los parques con aros perseguidos de niños rabiosos

las estatuas y aquel pavo real de la indolencia

los ancianos en sus bancos

el libro del amigo y del amado que no leyeron Neruda y Salvador

antes de dejar un corazón atravesado

 

Las ciudades duras y obstinadas, músculos del mundo

trompo de un dios extraterrestre

que no cesa de rodar sobre un sol de arenas inflamadas

seductoras ciudades de mi corazón negro y caliente

cuando la lluvia las borra, la limpia canción de los ríos entona :

«Demoliendo Hoteles»

 

Y aquel caballo blanco ofrendado a Orfeo,

vuelve a acercarse hacia el poeta en su noche

¡todas las ciudades asesinas!

espigas y alientos expiran bajo sus ruedas

de rudo poder y cruel inocencia

desdibujando el dolor, floresta silvestre y vulgar

de aleros y cornisas de bancos, sinagogas y catedrales de hierro

 

Silenciosos arcos atraviesan sus costados

y trenes nocturnos recorren sus venas

multitudes de voces y artistas del hambre

llenan sus aceras mudas frente a sus anuncios

y el vómito de las computadoras al cerrar las oficinas

 

Mientras los baños se pueblan de anhelos y poemas

el público anónimo no cesa de reír escandalosamente

en su brindis diario de noche vieja

mientras pasa el cortejo de siniestras pistolas

lustrando los afilados colmillos de los tiranos

se suma hoy al clamor de los capullos de las rosas

toda la peste a los pobres de las orillas del río negro

y explotan granadas rojas y amarillas :

¡una nueva primavera!

 

Para todas las ciudades de mañana

agujas de cristal al horizonte

 Sigue leyendo a Óscar Alberto Marchesin