Hay tanta risa de carne y buena salud

en tú ser, pero también veo las marcas

y entraré a esa fiesta cuando quiera:

y saldré un nunca, un imposible infinito

Tengo los ojos fatales del taladro

y soy de piedra bruta

soy también un Caballo de Troya

un ensimismado en la costumbre

de torturado

    Aquí adentro los soldados esperan

juegan con huesos obtenidos del desgarro

de la injusticia que se arroja

al cielo (?) o sea a las nubes

        Apuestan, fabulan, soldados, en fin

el futuro molesta la conciencia:

tanta pequeña industria y al final

tanto abono, la muerte sin saber dónde

               Serían capaces de iniciar una batalla

por un guante roto, una túnica vacía

de un hada que nunca existió

y sienten el «amor» a la altura

de las rodillas

Helena, sostengo que el vacío

es la desnudez más obscena y es verde

pero van armados de tanta estupidez

que sin cerebro son más que peligrosos

 

         El cielo redondo que los cubre

que en el fondo soy yo asfixiante

y es el mismo cielo pero rojo a morir

y cuando me miro, los miro

y veo las marcas en nuestros cuerpos

Con los ojos de que te hablé Helena

Ellos elevan sus rostros e imploran

cobardes por cosas que no alcanzo

ni a escuchar, ni a comprender

Un ensimismado, estoy adentro

estoy afuera, estoy enloqueciendo

y cuando esté loco, comenzará la guerra

Pero Helena, saldremos nuevamente

y Rosana y Roberto

estarán detrás del agujero

del miserable alambrado verde

aguardando

                                                                                                               Sigue leyendo a Óscar Alberto Marchesin